viernes, 14 de agosto de 2009

Importancia

Se despertó y miro la hora, eran las cuatro y media de la madrugada. El licor de manzana estaba allí, casi intacto, le dio un sorbo y se levanto con lentitud. Suspiro, seguro que su esposo estaba durmiendo a pata suelta. Subió las escaleras y entro a la habitación. Para su sorpresa la cama estaba vacía. Miro en el cuarto de baño del dormitorio y no había nadie. Se encogió de hombros y se acostó. Llevaba ya tiempo que era tomar la cama y dormirse, pero esa noche, ante la extraña ausencia de su marido volvió el insomnio que tanto la había acechado. Un insomnio que había combatido con pastillas durante los últimos meses, hasta que descubrió que el ejercicio físico la dejaba literalmente agotada y caía en un reparador sueño. No era un sueño profundo, no era un sueño largo, pero al menos descansaba para afrontar un nuevo día.
Todas las noches, cuando volvían de dar un paseo y cenar en algún sitio se ponía el bañador y se bajaba a nadar a la piscina. Después de varios largos se relajaba en la hamaca y hay echaba una pequeña cabezadita, luego, en la cama hacia el resto. Cinco horas, siete a lo sumo, ocho como record, dormía lo suficiente.
Estaba pensando en pedir presupuesto para hacerse una pequeña piscina climatizada, así cuando el frío apretara no tendría que dejar sus baños, tan beneficiosos y relajantes.
Intento dejar la mente en blanco pero un pensamiento insospechado se iba abriendo paso en su mente.. ¿Dónde estaba su marido?.. ¿en realidad le preocupaba tanto?. Hubo una época en que si, cuando empezaron a salir, aquellos años locos de juventud.
Lo conoció en la facultad, cuando los dos estudiaban medicina. No sabia su nombre aun cuando sus miradas se cruzaban por los pasillos llenas de ilusión. Un día coincidieron en la cafetería, y él tuvo la gentileza de pagarle el café. Llena de nervios sabia que tendría que decirle algo, al menos darle un escueto gracias…. y así lo hizo, situación que aprovecho él para preguntarle él nombre “Rosa, ¿y tu?” .. “Leonardo”.. “Leo, que bonito”.. “No, Leo, no… Leonardo si no te importa”. Se quedo un poco pillada, menudo corte le había dado aquel chico, “¿te gustaría que nos tomáramos algo después de clase? … ¡que locura!.. pensó mientras sus labios pronunciaban un “si” espontáneo.
Cinco años después, ese “Si” se volvió a pronunciar ante él altar, cuando se caso a pesar de que muchos le dijeron que era muy pronto. Los niños empezaron a venir a los dos años de aquello. Por entonces eran ya dos conocidos pediatras que no les faltaba el trabajo, tanto a él como a ella. Primero llego su Rosita, preciosa niña de ojos azulados. A los dos años su Alejandra, mas revoltosa que la primera y con ojos almendrados como su padre. Por ultimo, los gemelos, Leonardo y Rodrigo, dos soles de ojos grises que a cual mas tranquilo. El trabajo, los niños, la casa… demasiado agotador para una persona sola. Así se sentía cuando se incorporo por tercera vez al trabajo después de la baja por maternidad. La noche de antes de su incorporación su marido le sugirió que dejara definitivamente este, ella no lo pensó, un “NO” rotundo salio de sus labios. Al siguiente día al llegar a su casa una mujer estaba haciendo las tareas de su hogar. “Desde hoy trabajara para nosotros y nosotros trabajaremos en lo que nos gusta, así tendrás mas tiempo para ti y los niños.” Miro a su esposo y lo abrazo con alegría.
La vida fue evolucionando, se compraron un terreno, hicieron su actual casa con piscina, sus hijos crecieron y se sacaron todos sus carreras. Aun era la misma mujer la que trabajaba para ellos en el hogar, quizás eso era lo único que no había cambiado. La relación con su marido se había enfriado tanto que por eso se preguntaba si realmente le importaba donde estaba.
Hubo una época en que si, cuando salía con él al principio y supo de una “amiga muy amiga”… ¿Julia se llamaba?... hacía tantos años que no lo recordaba bien. La susodicha empezó a salir con un tío que era albañil, y a pesar de eso la muy guarra seguía acechando a su NOVIO… por eso lo tubo que hacer. Una tarde quedo con el albañil, que por su lado se moría también de celos y entre los dos se pusieron de acuerdo para no coincidir con sus parejas en ningún sitio. La cosa funciono bastante bien… de vez en cuando era inevitable encontrarse, pero por lo general.. nada… hasta que ya no supieron el uno del otro… mas, ¿tanto le importaba donde estuviera su marido ahora?...

6 comentarios:

J.M. Ojeda dijo...

¡Ana!
¡Cosas de la vida...!
¿O fue fantasia?
Lo realmente duro es la convivencia.
Esta asignatura, puegeso...

Me gusto su Blog
Saludos de J.M. Ojeda

Ricardo Baticón dijo...

Ana. Alucino como siempre con tus relatos, qué imaginación!... Además admiro mogollón tu vuelta a la actividad bloggera tan rápida después de tu segundo (y reciente) alumbramiento. Espero que tus 2 peques estén fenomenal.

Un abrazo!

Ana dijo...

Pues es un relato que estoy confeccionando semana a semana sin mas.. y como no podía ser menos, no se como podria acabar todo esto..
Un beso y bienvenido a mi blog J.M. Ojeda.
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Reciente... reciente.. tiene cinco meses y pico ya y esta super preciosa y hermosa.. la tengo aqui al lado en el carrito sonriendo, jugando con sus pies y haciendo ruiditos.. es tan buena que me deja tiempo para escribir de vez en cuando algunas lineas!!... Tengo una suerte barbara con los dos peques que me ha regalado la vida.
Un beso Ricardo!! espero que me sigas visitando!!

Extensus dijo...

Como siempre derrochando imaginación. Saludos.

Anónimo dijo...

Es que a algunas no les basta con lo que tienen, también tienen que fastidiar al personal y dar la murga donde no las llaman.

Ana dijo...

Pues este relato continuara.. como dirian en un disco que tenian Los Secretos.. no se cuando y como, pero lo hara.
Un beso Extensus!
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Era una muy buena amiga.. jeje.. pero claro los celos son los celos.
Un saludo Anonimo!!