viernes, 10 de octubre de 2008
Música para el fin de..
Y para que todo no sea tan triste, aqui os dejo la versión del "Black is Black" que hizo La Unión de este mitico tema, para que baileis un poquito!!
La Virgén del Pilar/Por siempre alli
HISTORIA DE LA VIRGEN DEL PILAR
La tradición, tal como ha surgido de unos documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles, fortalecidos con el Espíritu Santo, predicaban el Evangelio. Se dice que, por entonces, el Apóstol Santiago el Mayor, predicaba en España.
En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando "oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol". La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que "permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio".
Hay tres rasgos peculiares que caracterizan a la Virgen del Pilar y la distinguen de las otras:
1- Se trata de una venida extraordinaria de la Virgen durante su vida mortal. A diferencia de las otras apariciones la Virgen viene cuando todavía vive en Palestina: ¨Con ninguna nación hizo cosa semejante", cantará con razón la liturgia del 2 de enero, fiesta de la Venida de la Virgen.
2- La Columna o Pilar que la misma Señora trajo para que, sobre él se construyera la primera capilla que, de hecho, sería el primer Templo Mariano de toda la Cristiandad.
3- La vinculación de la tradición pilarista con la tradición jacobea (del Santuario de Santiago de Compostela). Por ello, Zaragoza y Compostela, el Pilar y Santiago, han constituido dos ejes fundamentales, en torno a los cuales ha girado durante siglos la espiritualidad de la patria española.
Mucho años después, el día 12 de octubre de 1492, las tres carabelas de Cristóbal Colon avistaban las desconocidas tierras de América. Al otro lado del Atlántico, los devotos de la Virgen del Pilar, cantaban alabanzas a la Madre de Dios en su santuario de Zaragoza, pues ese mismo día, conocido hoy como el Día de la Hispanidad, era ya el día de la Virgen del Pilar.
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Ahora, a continuación os voy a dejar el siguiente capitulo de por siempre allí.. para que tengáis lectura en estos días!
CAPITULO VIII
Era el ultimo día de cursillo, hicieron un examen bastante fácil y ya solo tendrían que esperar que les mandasen el titulo. Cuando salieron estuvieron tomando unas cañas y cuando llegaron al apartamento comieron algo.
- Ana, ¿qué te pasa?
- Nada.
- ¿Nada?.. pues no se, pero desde que hicimos el examen y empezamos a tomarnos la primera caña hasta ahora has estado, ¿ausente?, ¿en otra galaxia?.
- Por qué dices eso, no es cierto.
- Si lo es.. vamos a ver, ¿de que hemos hablado durante las copas?
- Pues de.. ¿tele?, ¿cotilleos?, ¿cine?.. – contesto entre las dudas.
- Ves lo que te digo, no te has enterado de nada.
- Bueno vale, estaba pensando en otras cosas.
- No será en el subnormal ese, ¿eh?
- No, no.. no te preocupes.
- Es que me da pena abandonar este lugar, ¿sabes?, estoy muy bien aquí y..
- ¡Jo!, ¡pues vaya!, se ve que te ha gustado el apartamento por qué lo que es salir, salir, solo has salido una tarde conmigo y para ir al cursillo.
- Es que no lo comprendes.. estoy lejos de Sotram, lejos de él, cerca del mar.. y tu sabes lo que a mi me gusta el mar. Con asomarme al balcón y verlo a la lejanía, me relajo un montón.. soy piscis y ya sabes lo que amamos el agua..
- Pues Ana, en cierto modo me alegro de que no hayas salido, si te llegas a acercar al mar mas, vamos, sales de aquí llorando a moco tendió.. y mira que tu no lloras..
- Además, me lo he pasado muy bien estos días con vosotros, y..
- A ti te gusta el mecánico, ¡eh!
- No.
- Venga, eso es lo que te pasa.
- Anda, no seas pestiño con ese chico, es simpático, pero yo..
- ¡Va! – era una expresión muy utilizada por Paula cuando quería quitarle importancia a algo.- voy a quitar la mesa, sabes, tu sabrás tus razones. Supongo que esta tarde tampoco vendrás a tomar café.
- No.
- Bien, pues que sepas que hoy te toca barrer y quitar el polvo. – se entró para la cocina.- Ana, si este verano me vengo una o dos semanas, ¿vendrías?
Ana vio el cielo abierto, venir en verano sería poder verlo mas veces.
- Pues claro.- dijo simulando su entusiasmo.
- Bien, eso era todo.
Ana se levanto y cogió el plumero para empezar a quitar el polvo, estaba emocionada.
Se durmió profundamente después de terminar las tareas encomendadas, cuando despertó eran las seis y cuarto. Estaba sola, bajo por el ascensor y se encamino con en corazón encogido hacia su cita, quizás ya no estaba, quizás se había cansado de esperar. Al torcer la esquina suspiro aliviada, Rodrigo estaba allí.
- Hola princesa.
- Perdona, pero..
- Te has dormido..
- Si, ¿cómo lo sabes?
- Tus ojos hablan de esa relajante siesta.
- Eres un buen detective, dime, ¿qué hacemos hoy?
- Lo que tu desees.
- Hablemos de ti, me voy a ir sin...
- ¿Cuándo te vas, princesa?.- pregunto con melancolía.
- El Domingo.- el tono de Ana resulto triste.- pero quizás vuelva unos días en verano.- dijo algo más animada.
- Eso significa que mañana estarás aquí también.
- Si, y no tengo cursillo.. si tu no tuvieras nada que hacer pues podríamos pasarlo juntos, aunque no se como voy a hacer para deshacerme de Paula y los demás, ya pensaré en algo.
- Me hace muy feliz saber que podremos compartir más horas juntos.
- Pues yo estoy radiante de felicidad.
- ¡Carpe Diem!, princesa.
- Carpe diem.
Ana pensó un momento.
- Me has desviado del tema que quería tratar contigo al principio, era algo sobre ti..
- Princesa, ¿no tenía que enseñarte mi cabaña y algo sobre la música medieval?
- ¡Oh si!, es verdad.
Rodrigo sin contestar le hizo una señal a Ana y se introdujeron una vez mas por el bosque. Ana sentía cada vez mas familiar todo aquel entorno, como si hubiese estado muchos años antes recorriéndolo. También le pasaba igual con el camino y la entrada del castillo, incluso casi podría imaginarse este por dentro aunque nunca hubiese estado allí. Un trueno sonó seguido de un rápido relámpago que ilumino el bosque.
- Princesa, va a haber tormenta, apresuremos el paso.. es peligroso estar en el bosque cuando sucede esto.
Casi no había acabado sus palabras cuando la lluvia hizo su aparición. Rodrigo aligero, era demasiado ágil, demasiado rápido para Ana que pronto lo perdió de vista. Se paro, sonó otro trueno, la lluvia arrecio, sintió miedo rodeada de árboles iguales, su cuerpo empezó a tiritar, estaba perdida. Paso así casi un minuto, algo que desconocía empezó a funcionar en su interior, sin saber muy bien lo que hacía sus pies empezaron a andar, a correr, se abría paso como una loca, al rato creyó ver algo, se acerco hasta allí y era una cabaña. Bajo el porche lo vio esperando, sonriente, hizo un ultimo esfuerzo desenfrenado y vio como le salía al paso, se abrazo y la guió hasta el interior donde un fuego encendido la esperaba. Se sentó sobre la alfombra que había delante la chimenea.
- Toma princesa.- dijo ofreciéndole una gran manta.- es mejor que te quites la ropa mojada y te envuelvas en la manta. Esperare fuera hasta que me avises.
Rodrigo se salió al porche y Ana hizo lo que él le había indicado. Se envolvió en la manta y se quedo sentada en la gran alfombra.
- Ya puedes pasar.
Rodrigo entró y con cuidado de no rozarle la piel le saco el pelo mojado y se lo floto con una toalla seca, después se lo fue desenredando. Ana entró en una confortable tranquilidad. Se dejo llevar por aquellas sensaciones que le producían tanto bienestar. Su cuerpo recupero el calor y los tiritones cesaron del todo. Estaba entrando en un remanso de paz del cual no deseaba salir.
- Princesa, ¿te encuentras mejor?
Ana afirmo con la cabeza. Rodrigo se sentó a su lado.
- Creí que me iba a morir hay fuera en la tormenta, he pasado mucho miedo, de pronto no te vi y.. – tirito al recordarlo – no se como he encontrado la cabaña.
- Princesa, siempre has sabido donde estaba. Todo esto lo has soñado antes.
- Pero dime que no estoy soñando ahora.
- No, no estas soñando, estas viviendo y haces que yo viva también.
- Es que me parece increíble que todo esto me este ocurriendo a mi.
- Nada es imposible, princesa, te lo dije ayer y te lo digo hoy.
Ana guardo silencio.
- ¿Y si me hubiese perdido?
- Te hubiese encontrado, pero te tenía que dar la oportunidad de encontrarte a ti.
Ana no comprendió que quería decir con eso, pero no le importo. Cerró los ojos y creyó ser la mujer más feliz del mundo. Los abrió al rato e investigo lo que había a su alrededor. La cabaña era de madera, había solo una habitación en la cual se encontraban. Su decoración era muy sencilla, una mesa, cuatro sillas, una cama al fondo y un armario donde tendría la ropa. Al lado de la chimenea tenía otro armario donde estarían los cacharros para hacer la comida, eso era todo.
- ¿Aquí vives?
- Si princesa, aquí vivieron mis padres y mis hermanos, y aquí vivo yo.
- ¿Dónde están?
- Todos se marcharon, solo quede yo.
- ¿Viven en el pueblo?
Rodrigo pensó un rato antes de contestar.
- No, se fueron a la ciudad, pero yo no quise abandonar el bosque, y me quede.
- Eres sorprendente, sin tele, sin radio, sin música, sin compañía... ¿a que te dedicas?
Rodrigo se levantó e hizo una señal a Ana para que lo siguiera. Ana lo hizo y fue tras él. Abrió una puerta pequeña que estaba casi escondida y entraron a otra habitación mas grande que la primera. Olía a pintura de óleo, a aguarras, a acuarelas.. esta segunda habitación era acristalada, la lluvia caía en el exterior y resbalaba por los cristales. Ana se tuvo que apretar la manta pues allí hacía un poco de frío, pero se quedo maravillada. Había un montón de cuadros amontonados, decenas de tallas en madera, piedra, mármol, era el taller de un artista.
- Ahora comprendo porqué vives aquí.. el bosque te inspira todas estas maravillas.
- Mi padre fue.. es un gran carpintero y de él aprendí ese arte, luego la pintura y la música la desarrolle por mi cuenta.
- ¿Música?
- Si, se tocar varios instrumentos.
Cogió una flauta y empezó a tocar una bella melodía, Ana se quedo escuchando, se olvido de todo. Cuando acabo la pieza Ana hizo ademán de aplaudir pero tuvo que dejarlo pues la manta se le escurría.
- Debes de tener cuidado princesa, vamos adentro, aquí hace frío.
Ana entró presurosa, la verdad es que se había quedado helada y se sentó de nuevo al lado del fuego. Espero un rato y cuando entró Rodrigo llevaba una guitarra.
- Princesa, me comentaste que sabías tocar la guitarra, ¿verdad?
- Un poco, cuatro notas, dos ritmos, lo normal.
- Toma, la he hecho para ti.
- ¿Qué has hecho esta guitarra?
- Si, suena muy bien, toca un poco.
Ana observo la misma y era muy bonita, en la parte de atrás de la caja tenía un hermoso y fino labrado que representaba a una princesa medieval, y al fijarse en el rostro de la princesa vio que era ella.
- No se que decir, no puedo aceptar este regalo, yo...
- Princesa, toca un poco.
Ana empezó a tocar una canción de Ismael Serrano y la canto, Rodrigo se quedo embobado escuchándola. Luego siguieron los dos, Rodrigo la acompañaba a la flauta, y el tiempo paso volando. Dejo de llover y dieron las nueve de la noche. Ana no deseaba irse, pero sabía que tendría que hacerlo.
- Son las...
- Tu ropa esta seca princesa, te espero fuera mientras te vistes.
Cuando quedo sola en la cabaña se vistió, dejo la guitarra apoyada en la pared y salió al exterior. Un olor a pino hacía que se pudiera respirar mejor. Rodrigo la esperaba paciente, sin palabras recorrieron de nuevo el sendero y el camino, de vez en cuando se intercambiaban miradas cómplices, al llegar a la esquina era de noche.
- Rodrigo, mañana no se cuando podré venir.
- Mañana princesa, en cuando salga el primer rayo de sol por el horizonte estaré a tu lado.
- Que romántico.
Se miraban en silencio, Ana deseaba rodearle con sus brazos, apretarse contra él, sentir su calor, probar la miel de sus labios, se preguntaba si él no sentiría lo mismo. Una profunda mezcla de deseo y contención se mezclaban en aquella mirada. Se lo había dicho el primer día, él era un caballero, nada podía temer.. pero, ¿un caballero no la habría besado ya como un hombre?..
- Hasta mañana, princesa.
- Hasta mañana.
Se dio la vuelta y cuando miro desde la otra cera había desaparecido.
Entró al apartamento y Paula estaba en el sofá viendo la tele.
- ¿Dónde has estado?
- Baje a la playa a despedirme de ella y empezó a llover, así que me tuve que refugiar en una cueva hasta que paso el chaparrón.
- Pues ha caído una buena, Víctor y yo nos vinimos cuando empezó a llover y cuando no te vimos me iba a dar algo, pero claro, ¿adonde te íbamos a ir a buscar?.. así que hemos estado esperando, esperando y en fin.. es un milagro que no te hayas cruzado con Víctor, se ha ido hace un momento. La próxima vez, por favor, deja una nota.
- Vale, lo haré.
- Y date prisa, a las diez hemos quedado en el “Ringlo” para tomar una copa.
- ¿A las diez? – miro el reloj y eran las diez menos veinte.- pues ya puedo abreviar. – y con estas palabras se metió para el baño.
La discoteca estaba super agobiante. Ana intentaba olvidarse de todo y bailaba en la pista con Víctor, mientras que Paula pedía algo en la barra con Alex. Se aproximaron a los otros dos y al ratito Víctor dijo algo a Paula y se salieron de la pista, allí solo quedaron Ana y Alex. Bailo hasta no poder mas, su compañero la seguía y la seguía sin descanso, estaba rendida.
- ¿Nos salimos?.- le pregunto al chico.
Este afirmo con la cabeza y empezó a abrir paso entre la gente. Llegaron a la barra, se pidieron una bebidas, y desde allí divisaron un sitio mas despejado alejado de la pista.
- ¿Qué te pasa esta noche?, Ana.
- Nada, ¿por qué lo preguntas?
- Estas mas triste que de costumbre, aunque lo has disimulado bailando sin descanso.
- Es que como nos vamos ya mismo, no se, será eso.
- Será..
Se tomo un sorbo del refresco y miro a la pista.
- Esta muy llena..
- Pues mañana estará el doble, ya veras.
- Mañana..- suspiro.
Estuvieron un rato observando a la gente y Alex rompió aquel silencio.
- Ana.- hizo una pausa antes de continuar.- me dijiste que te gustaban los descapotables.
- Si.
- ¿Te gustaría dar una vuelta en uno?
- Vale.
Se terminaron las bebidas y se aproximaron al taller.
- Me lo trajeron esta mañana, lo he arreglado y como aún no ha venido el dueño..
- Pero eso, ¿no es mucho riesgo?
- No te preocupes, va a ser solo un rato.
- Bueno, tu mismo.
Espero un poco y Alex salió con un precioso deportivo descapotable.
- Sube.
Ana se subió en el mismo y fueron a un pueblo cercano. Aparcaron el a puerta de un pub que se llamaba “la nota” y entraron al mismo. Era una terraza al aire libre con una piscina en el centro y mesas para sentarse. El sonido de un piano se oía de fondo y había una pista de baile.
- ¿Te gusta el sitio?
- Si.
La música del piano inundo el silencio que los envolvía, Ana irremediablemente se acordaba de Rodrigo, Alex a la vez no sabía de que hablarle a aquella encantadora chica, por fin se le ocurrió algo.
- ¿Bailas?
Ana sonrío y sin contestar se levanto, fueron hasta la pista y las melódicas baladas sonaban una tras otra. Después de varios bailes seguidos se sentaron de nuevo.
- No sabía que bailabas tan bien. – comentó el chico.
- Ni yo tampoco, pero si no es por ti, no se..
Se hizo otro silencio y se terminaron la bebida. El la invito y salieron del local. Alex condujo hasta el rompeolas, una brisa marina hacía que la temperatura fuese agradable, la música a esas horas en la radio era la adecuada. Ana miraba al mar y se acordó de cuando había estado con Rodrigo en una situación parecida. Le recorrió un escalofrío, hacía frió. Alex pasó su brazo sobre los hombros de Ana, se miraron y él precipito sus labios sobre los de ella besándola fugazmente. Ana apartó la cara, no podía...
- Lo siento Alex.. yo..
- He metido la pata, ¿verdad?
- Es que yo no siento nada por ti, sería engañarte, ¿sabes?.. y yo no quiero engañar a nadie.
- Perdona este mal entendido, ¿vale?
- No te preocupes.
- ¿Si quieres nos vamos?
- Será lo mejor.
Ana se dirigió al coche y los dos se sentaron en sus asientos. Alex no arranco, Ana se impacientaba, no sabía que significaba aquello. El la miro intensamente y soltó.
- ¿Soy feo?, ¿verdad?
Ana se quedo perpleja.
- Cuando me gusta una chica siempre me da calabazas, siempre... ¿en que fallo?.- su voz era entre triste y amargada.
- Alex, cuando menos lo esperes y sin buscarlo encontraras a la mujer de tu vida.
- ¿Tu crees?
- Seguro.
Alex guardo silencio, quizás un poco mas reconfortado.
- Oye, ¿podemos ser amigos?
- Pues claro.
- Es que, por lo general, después de darme calabazas ninguna chica me vuelve a dirigir la palabra – suspiro.- Mañana no podré estar con vosotros, salgo de viaje con mi padre a buscar unas piezas, pero el Domingo si estaré aquí, ¿te despedidas de mi?
- Si, no lo dudes.
Alex sonrió, arranco y la llevo al apartamento. Antes de bajarse se quedaron mirando, él se aproximo y le dio un beso en la mejilla.
- Hasta el Domingo.
- Hasta el Domingo.
Vio como se alejaba y respiro aliviada. Subió al apartamento y su amiga no había llegado aún. Puso la tele, se tumbo en el sofá y se quedo dormida.
- Ana, Ana..
Ana despertó y Paula la miraba con cara ilusionada.
- Tía, ha sido genial, lo hemos hecho.
- ¿Qué has hecho?
- Hazme sitio... venga.
Ana se reincorporo y se sentó, su amiga lo hizo al lado.
- Bueno, cuenta, ¿cómo te ha ido a ti con Alex?
- Pues bien, estuvimos en la discoteca, luego en un pub bailando, después me llevo al rompeolas y me intento besar.
- ¿Y?
- Lo rechace.
- Pobre, estaba muy ilusionado.
- Si, pero a mi no me gusta, no siento nada por él, a mi quien me gusta es..
- Juan, el cretino ese que te ha estado martirizando durante cuatro largos años, ya lo se.. pues lo deberías de ir olvidando.
Ana agradeció la rápida intervención de su amiga, pues sin pensarlo iba a soltar el nombre de Rodrigo.
- Muy bien, no me eches el sermón.. ahora, cuenta, ¿qué te ha pasado?
- Ana, ha sido, ha sido... nos fuimos de la discoteca y como ha hecho tan buena noche pues bajamos a la playa, allí nos estuvimos besando.- hizo una significativa pausa.- después paseamos hasta el castillo, Ana, esta noche te has fijado que la luna esta casi llena, luna de enamorados, luna loca.. nos metimos por el bosque.- hizo otra pausa significativa.- tengo que reconocer que el muy.. lo tenía preparado.. de detrás de un árbol saco un macuto y una mini nevera, del macuto saco un plástico y..
- Un plástico.. – la interrumpió.
- Si, por la humedad.. pero dejamé terminar... y una manta que estirazo en el suelo...- hizo una tercera pausa.- nos sentamos y tenía champan y dos copas. Destapamos la botella, bebimos, brindamos por nosotros y... – la cuarta pausa fue mas larga, Ana estaba en suspense.- lo hicimos, por vez primera destapamos nuestro cuerpos y los juntamos en uno.. ha sido.. ha sido.. lo tienes que probar porqué es fantástico.
- Me alegró por ti, chica, me alegró por ti.- dijo Ana entristecida.
- ¿Tu lo hiciste alguna vez con..?
- No, en seis años no me he sentido segura para hacerlo, aunque él me ha insistido muchas veces, incluso me decía que no lo quería bastante y que por eso.. pero yo.. tu sabes que eso es mentira, yo siempre lo he querido mucho..
- No te atormentes mas, los tíos son así de capullos.
- Supongo que si, espero que él tuyo te dure siempre.
- Eso espero.- hizo una pequeña pausa.- Ana, vamos a dormir, esta a punto de amanecer.
- Si, vamos a dormir.
Paula se marchó para la habitación y Ana se asomo al balcón. Estaba amaneciendo sobre la ciudad, seguramente se podría ver el sol salir del mar.
- Ojala pudiera estar en la playa, con Rodrigo.- susurro entre dientes.
Aún no era tarde, salió del apartamento y se encamino entre las calles para la playa, allí se sentó en la arena y contemplo el gran milagro de la naturaleza. El día iba a ser despejado y azul, cerró los ojos, aspiro el mar salado.. una voz la devolvió a la realidad.
- Princesa, en cuanto salga el primer rayo de luz por el horizonte, estaré a tu lado.
Ana reconoció aquella voz pero no quiso abrir los ojos, unos brazos la envolvieron, se dejo caer sobre su cuerpo.. se durmió.. no quería despertar de aquel sueño.
jueves, 9 de octubre de 2008
Por Siempre alli.
CAPITULO VII
El cuarto día de cursillo para Ana fueron las horas eternas, apenas comió y se tumbo en el sofá abatida.
- Ana, ¿qué te pasa?, te veo muy mal.
- Será el tiempo.
Paula miro por la ventana y estaba nublo.
- Si, ha cambiado, ya ves, esta algo loco.
- Creo que me voy a acostar.
- Entonces, ¿hoy tampoco vas a echarte un café con nosotros?
- No.. lo siento.
Se levantó del sofá y se entró a su cuarto tumbándose en la cama. La rosa se estaba empezando a marchitar, lo mismo que ella misma, pensó mientras la observaba con pesimismo.
A las cuatro y medía oyó a su amiga irse, se dio la vuelta en la cama. Sus pensamientos retornaban una y otra vez a Rodrigo. Por una parte quería ir a ver si estaba, encontrarlo, hablar con él, disculparse. Por otra parte temía la reacción que podría tener, al fin y al cabo no lo conocía mucho.. o no encontrarlo ni siquiera. Dio varias vueltas en la cama y se levanto nerviosa, se asomo al balcón, las nubes pasaban lentas, amenazaba lluvia. Respiro hondo y tomo una determinación, le debía una disculpa..
Salió a la calle y se encamino para la esquina, si no estaba lo buscaría..
- ¿Y Ana?
- Se ha quedado en el apartamento.
- Desde ayer esta mas sería, incluso abatida.. me da un no se..
- Lo esta pasando muy mal, es que fue un golpe duro.. y los días que está así la cosa se pone peor. Víctor tomo un sorbo de café pensativo.
- ¿Y si le regalamos algo que le haga ilusión?, a lo mejor se anima.
- No es mala idea, ayer se probo un vestido que le quedaba muy bonito y le gusto, pero no se lo compro al final..
- Podríamos ir a echar un vistazo.
- Eres un sol, piensas en todos.
- Sobre todo en ti.- y la beso.
- Te quiero.
- Yo también.
No estaba en la esquina, miró la hora y eran las cinco de la tarde. El alma se le hundió aun más. Se quedo allí un rato, pensando, mirando, tenía que encontrarlo, no sabía porqué, pero debía de hacerlo. Se encamino para el castillo, ni un alma, nadie.. siguió caminando, incansable.

Un jinete se veía a lo lejos.. un caballo, que sueño, a ella le encantaban esos animales y eso la hizo sonreír. El jinete se paró unos segundos y soltó a galope al animal. Ana vio como se aproximaba a gran velocidad, era un loco.. ¿es que no la había visto?.. se aparto del camino, esa silueta, ese rostro, el corazón le empezó a palpitar a cien por hora. Cuando se aproximo mas fue deteniendo al bello corcel en su feroz carrera, y lo detuvo completamente al lado del Ana.
- ¡Has venido, princesa! .- su tono era tan alegre que Ana se olvido de todo lo que iba a decir.- ¡sube!
Le dijo algo al animal y este se sentó de franco trasero y se doblo de manos. Ana subió con facilidad y este se elevo.
- ¿Has montado alguna vez?.- le pregunto.
- No.- contesto todavía sin creerse muy bien lo que ocurría.
- Pues entonces iré despacio, coge te bien.
No sabía si estaba soñando, no sabía si todo era realidad, solo noto un suave trote bajo ella. Se agarro a aquel que conducía en aquel momento su vida y cerro los ojos... se dejó llevar simplemente.
Noto que paraban y abrió los ojos, estaban en la playa. Corría aire y las olas estaban mas enloquecidas que de costumbre.
- Parece que Neptuno y Poseidón están luchando. – comento Ana.
- Dioses, dioses mitológicos.
- ¿Te gusta la mitología?
- Algo se de ella, pero no me interesa mucho.
Ana no supo como lo hizo, pero en un rápido movimiento lo vio en el suelo.
- Vamos princesa, te ayudare a bajar de Zahir.
- ¿Cómo lo has hecho?
- ¿El qué?
- Bajarte tan rápido.
- Zahir baja la cabeza y yo, vulgarmente hablando, paso la pierna por delante y al suelo.
- Interesante, ¡que flexibilidad!.... yo hago eso y tienen que avisar a un masajista para desencajarme.
Rodrigo sonrió de buena gana.
- No sera para tanto!
- Si, no creas.-Le comento divertida.- En gimnasia era un desastre.
Pasaron unos segundos en que se miraban sin hablar, Rodrigo lo rompió.
- ¿Deseas quedarte en su lomo?
- ¡Ah!, ¡no!.. – sonrió abiertamente.- pero, ¿cómo me bajo?
Rodrigo le dio unos golpecitos al animal y este hizo el mismo movimiento de antes, Ana descendió y lo primero que hizo fue quitarse los zapatos en la arena.
- Princesa, daremos un paseo por la playa y te enseñare unas cuevas muy bonitas que hay por aquí. Mas tarde, seguiremos la ruta por algunos sitios de los alrededores, a no ser que quieras hacer otra cosa.
- Tu eres el guía, así que haremos lo que hayas pensado.
- Bien.
Empezaron a andar por la playa y el corcel los seguía fielmente.
- Es muy bonito.
- ¿El paisaje?
- Tu caballo.
- ¿Zahir?, lo tengo desde que era un potrillo, es una de mis pocas compañías.
- Pero tu, ¿no tienes amigos?, ¿no sales con gente del pueblo?..
- No.
- ¿Y tu familia?
- Me independice de ellos hace ya muchos años.
- Supongo que tantos no, no creo que tengas más de veinticinco años.
Rodrigo se paro y miro al mar, en su cara había un distinto tono de melancolía.
- ¿De verdad me crees tan joven?
- Si, vamos, no me dirás que los años es que no pasan por ti.
Se quedo un rato en silencio, pensativo.
- ¿Y como se notan los años?
- Pues por la cara sobre todo.. cuando uno se va haciendo mayor empiezan a salirle canas, arrugas y... ¿me estas tomando el pelo?.. te estoy explicando algo que es obvio, que deberías de saber.
- Sabes princesa, me gustaría envejecer a tu lado.. estoy cansado de.. – se paro en seco y siguió paseando en silencio.
- ¿De que? .- Rodrigo no contesto. - ¿de que te hagan daño?
Rodrigo no la miraba, no paraba de dar un paso tras otro. Ana creyó conveniente no seguir hablando de aquello y caminaron en silencio hasta llegar a unas rocas.
- Entre estas rocas hay un pasadizo que sube por dentro hasta lo alto de aquella cima.- explico mientras señalaba.- ¿quieres verlas?.. son bonitas, pero subir por ahí resulta algo cansado.
- Si para eso he venido, para explorar.
- Pues entremos.
Rodrigo se metió por una entrada que a simple vista no se veía y Ana le siguió. Dentro estaba húmedo y oscuro, Rodrigo se perdió, pasaron varios segundos que parecían interminables. Ana empezó a inquietarse, una luz disipo las tinieblas, Rodrigo sostenía una antorcha y su rostro tomaba matices mas finos, mas claros, mas etéreos.
- Por aquí.- le indico.
El camino era algo escabroso, había que tener cuidado. El mar se oía de vez en cuando chocar contra las paredes y a Ana aquello le producía un poco de miedo.
- No pasa nada, aunque parezca que va a entrar, las paredes de estas cuevas son lo suficiente gruesas para resistir.
Ana se sintió aliviada ante el comentario de su amigo. A lo largo del escabroso camino había miles de formas caprichosas que el tiempo y la continua erosión habían formado en la piedra, colores distintos, fantásticos. Dibujos antiguos que Rodrigo iba alumbrando y explicando a Ana. La cuesta se hizo más fácil en su último tramo, después de mucho andar salieron al exterior haciendo un poco de escalada. El cielo seguía nublado y corría un aire mucho mas frío que hizo tiritar a Ana.
- Princesa, ¿tienes frió?
- Un poco.
Rodrigo se quito la camisa y se la paso a Ana por los hombros recubriéndole los brazos.
- No Rodrigo, te vas a quedar congelado.
Fue a quitársela pero Rodrigo se la retuvo por los hombros.
- No te preocupes por mi, Princesa, yo nunca tengo frío.
Ana por primera vez se fijo en Rodrigo. Su extremada palidez era evidente, el reflejo de la antorcha no era solo eso, era casi albino. Su cuerpo estaba bien formado, bien proporcionado, la naturaleza había sido generoso con él, y su rostro.. resaltaban sus enormes y preciosos ojos verdes, que se perdían como un misterio, como si llevase siglos mirando al mundo y esperando una respuesta.. pero aquel pensamiento era absurdo, no tendría mas de veinte años.
- Princesa, ¿En que piensas tan callada?
La pregunta la sobresalto.
- Estaba observándote, preguntándome otra vez tus años, ¿por qué no me lo dices?
- ¿Cuántos años tienes tu?
- ¿Si te lo digo me lo dices?
- Te tendrás que arriesgar?
- Veinte.
- Supongo que tengo más o menos esa edad.
- ¿Supones?
- Si, unos veinte.
- Vale, me quedaré con la incógnita.
Ana se dio la vuelta y sintió debilidad en las piernas, se sentó y se puso a observar el paisaje, era muy bonito y tranquilizador.
- ¿Qué pueblo es aquel?
- Castillo del mar, estaremos a unos tres kilómetros mas o menos.
- ¿Me estas diciendo que hemos recorrido 3 km.?, pero si cuando me señalaste la cima parecía que estaba mas cerca.
- Si, es engañoso, ¿verdad?
Ana asintió con la cabeza.
- Así que estoy un poco cansada.
- Pues descansa, princesa, descansa.
Ana cerro los ojos y respiro hondo, su olfato se lleno de una fresca fragancia, le venia de la camisa de él, era algo distinto a lo que había olido hasta ese momento, no sabía definir. Ese olor se mezclo con el sabor a mar, el gran azul entraba por sus sentidos como una locura elocuente, pero lo mas profundo, lo que descubría que aquel minúsculo sentimiento que sentía hacía quien la acompañaba estaba llenando de forma vertiginosa su corazón, lo estaba barriendo, lo estaba limpiando, lo estaba sanando.. ¿no era demasiado pronto para eso?.. no lo sabía bien.. solo deseaba poder notarlo cerca, estar a su lado, sin mas, en silencio.
- Princesa, estas muy callada.
Su voz la saco de aquel mutismo, se había sentado a su lado.
- Estaba pensando.
- ¿En que?.
- En muchas cosas a la vez y en ninguna en concreta.. es que.. no se... yo..
Rodrigo la miraba, aquella luz que emitía la calmaba, la hacía mecerse en una tranquilidad que no comprendía..
- Princesa, no debes pensar tanto, solo debes de vivir y sentir la vida.
- Rodrigo, cuando vine aquí a hacer el cursillo quería alejarme de cosas, de acontecimientos de mi pasado, pero nunca creí que fuera de esta manera, yo.. el día que te conocí creí que estabas algo majareta, con aquella pinta de medieval..
Rodrigo se empezó a reír de buena gana.
- No me lo recuerdes, fue divertido.
Ana lo miraba sería.
- Pues no tenía claro si venir o no al siguiente día, pero tu, me diste una razón.. la rosa, tenía que venir al menos a darte las gracias... la verdad es que me alegre de haber venido, y hoy, vine a buscarte con la excusa de disculparme por lo de ayer.
- No princesa, no me debes nada, yo soy quien te debe a ti..
- No, no.. – le interrumpió furiosa – yo por una parte quería venir a darte una buena razón por la cual ayer falte a mi cita, y por otra, deseaba estar contigo, tu me haces sonreír, me entras en un mundo distinto donde el tiempo pasa demasiado deprisa, y estoy confundida por qué yo no se lo que realmente me pasa a tu lado.. yo..
Sus palabras quedaron suspendidas en el espacio, su mudez era total, era injusto amargarle la vida a alguien que la alegraba a su vez, pero algo estaba abierto, una brecha, una fuga.. Rodrigo la acuno de nuevo con el tono de su voz, suave, cálido.
- Princesa, ¿quién te ha hecho tanto daño?
Ana no contesto, Rodrigo aguardo paciente y espero a que las olas sacaran las palabras.
- Salí con un chico, se llamaba Juan e iba conmigo a el instituto, hemos estado seis años juntos, seis, me dejo en Marzo, ya ves, ahora estamos en Mayo... apareces tu y en 4 días me haces olvidar que hay otro mundo... pero yo no se si lo que siento por ti es cariño o algo mas, por qué me das tanto por nada, me tratas tan bien.. nunca nadie me había tratado como tu lo haces, ¿sabes?.
- Supongo que tu chico si.
- Ayer cuando falte a la cita, yo, no sabía como ibas a reaccionar al verme, pero te busque.. Juan me hubiese echado una bronca y tu, nada, feliz.. tu eres distinto, no eres como nadie que he conocido.. ¿de donde sales?
- Princesa, no te tortures mas, tu eres la vida que me falta y la que me hace por unos momentos creer que estoy vivo.. no quiero verte triste. Solo deseo que disfrutes del momento, que pienses en lo que vamos a hacer a continuación, que es algo bien sencillo..
Mientras decía esto Ana noto una respiración a la espalda y un suave toque en la misma que la asusto, a continuación el morro de un caballo le pasaba por encima del hombro y por el lateral de la cara.
- Zahir, no seas malo.- dijo Rodrigo sonriendo.- le has gustado.
- Pues se me ha ido un escalofrío por la espalda por qué me ha dado un toque y no veas.- dijo Ana sonriendo a su vez.
- Princesa, espero que siempre estés así, con esa luz de alegría en la cara.
Rodrigo se levantó del suelo y Ana lo hizo también.
- Ahora te voy a llevar a un sitio donde hay caballos salvajes.
- Toma la camisa, ya me he calentado.
Rodrigo agradeció el gesto y se la puso, Zahir se arrodillo de pies y manos y los dos subieron a su lomo.
- ¿No llevas montura?
- No me gusta, Zahir no sabe lo que es eso ni tampoco sabe lo que es un bocado, ni una espuela, ni una fusta. El es libre de ir y venir por donde quiera y me es fiel a la vez cuando lo necesito. Solo le pongo un lazo para dirigirlo y una manta atada con una correa para que no se escurra.
- Como los indios.
Rodrigo imito el grito de un indio y Zahir se puso al galope, Ana cerro los ojos y estrecho aquel que la hechizaba. Descendieron por un sendero y se dirigieron a una llanura cercana. Ana quedo maravillada, allí había una manada de unos cuarenta caballos que pastaban tranquilamente. Rodrigo descendió de Zahir y ayudo a Ana a hacerlo, acto seguido le quito el lazo y la manta que la doblo con agilidad. El animal al sentirse liberado miro a su amo y relinchando se marcho para la manada a gran velocidad, esta pareció no inmutarse apenas.
- Son preciosos estos animales.
- ¿Te gustan?
- Mucho, el gran sueño de mi vida es aprender a montar y tener uno.
- Quizás algún día puedas hacerlo.
- Difícil lo veo, es complicado.
- ¿Por qué?
- No se, pero...
- Nada es imposible en esta vida, solo debes de esperar. Mira yo, creía que era imposible el..- paro de golpe, como si fuera a decir algo que no debía, dudo un segundo.- .. el encontrar a alguien como tu..
- Iba a decir otra cosa, ¿qué era?
- Nada distinto a lo que he dicho.- afirmo nervioso.
Pero Ana supo que le mentía aunque se conformo con lo que dijo. Se sentaron cerca de la manada y observaron en silencio el transcurrir del tiempo y los movimientos de los animales. Ana nunca había disfrutado de largos silencios con Juan, lo recordó, sus silencios juntos siempre habían sido sucesores a una pelea o a algo que le había echado en cara. Era la primera vez que un silencio con un chico era señal de paz y armonía, de tranquilidad y sosiego, unos débiles rayos de sol que atravesaban las nubes le calentaban fugazmente la cara y de nuevo cerro los ojos en señal de bienestar, cuando los abrió miro distraídamente la hora, no lo podía creer.
- Rodrigo, es tarde, deberíamos de marcharnos.
- Como quieras princesa.
Silbo y Zahir se acerco presuroso.
- Princesa, ¿Quieres montar?
- Pues, yo, no se, es que nunca lo he hecho y..
- Es muy fácil, lo harás bien.- dirigiéndose al caballo.- Zahir, busca a Azahara.
El animal se introdujo en la manada y a los pocos segundos llegaba precedido de otro corcel. Rodrigo puso la manta y el lazo a Zahir y este se agacho.
- Princesa, monta y aprieta bien la piernas
Ana hizo lo que él le dijo y Zahir se elevo con esta en su lomo, cogió el lazo que le dio Rodrigo y observo como magistralmente él se montaba de un salto sobre el otro animal.
- Princesa, vas a aprender a montar a caballo, no es tan difícil realizar algunos sueños.
- Pero yo.. estoy asustada..
- No temas, oye el viento, él dice que aprenderás con facilidad. Fíjate en mi princesa y pronto sabrás.
Ana vio como Rodrigo le daba a Azahara en los francos y lo imito. Los dos animales andaban al compás, despacio, y poco a poco Ana se fue amoldando a aquel rítmico movimiento. Pronto de andar pasaron a un alegre trote y al final los dos acabaron en un acelerado galope. Ana no comprendía como siendo la primera vez que hacía aquella proeza pudiera salirle tan bien, con tanta naturalidad, su cuerpo se adaptaba completamente. No supo el tiempo que estuvieron galopando y apenas se fijo en los paisajes que pasaba a su alrededor, poco a poco los animales volvieron a un trote y al final a su paso normal.
- Princesa, eres una estupenda amazona. No me atrevía a entrar en carrera pero tu misma la has pedido.
- Pues yo estoy alucinada, no me lo puedo creer... nunca, nunca.. es la primera vez que hago algo así y..
- Quizás no sea la primera vez.
- Hay cosas que las puedes hacer por intuición, pero montar..
- Princesa, algunas veces si sueñas mucho algo luego te sale con naturalidad.
- Puede ser, quizás haya soñado esto antes.
Rodrigo paro su montura, entonces Ana recobro el sentido del entorno, estaban al principio del camino del castillo.
- Princesa, Zahir te llevara a casa, yo me quedare aquí esperando que vuelvas algún día.
- Lo dices como si no fuera a volver.
- Es una decisión que es solo tuya.
- Sabes, voy a hacerte caso, voy a vivir el momento, “Carpe diem”, como se dice... y para vivir ese momento hay una formula mágica, y eres tu, así que, hasta mañana por la tarde.
En el rostro de Rodrigo Ana pudo divisar una felicidad infinita, se quedaron un rato mirándose, esperando algo más, algo que no llegaba. Ana azuzo a su montura y Rodrigo se quedo allí, notaba su mirada en la espalda, sabía que la observaba..
Entró al apartamento y Paula ya había regresado.
- ¿Dónde has estado?
- Fui.. – dudo un segundo – a la papelería esa que hay a un par de calles de aquí a ver si encontraba alguna revista o algo..
- ¿Y encontraste algo?
- No, no había nada interesante, solo revistas de cotilleos y ya sabes que a mi eso..
Paula observo a su compañera.
- Estas mas animada..
- Si, creó que este clima me viene bien, al menos no pienso tanto en..
- Los chicos van a venir a cenar, traerán comida china y una peli de video, podríamos preparar algo, ¿no te parece?
- Si, si, estupendo.
- Pues manos a la obra.
Paula se entro para la cocina y Ana suspiro, era un alivio saber que su amiga seguía sin sospechar nada.
- Por cierto Ana, ese paquete que hay encima del sofá es para ti, es un regalo de Víctor y mío.
Ana se fijo y como le había indicado su amiga en el sofá había un paquete.
- Pero si no es mi cumpleaños ni nada..
- ¡Abre el regalo y no empieces a pensar que es hoy!
Ana lo desenvolvió con cuidado y allí, en la cajeta, había una bonita blusa hippy de las que tanto le gustaban con manga a la sisa.
- ¿Te gusta? – le pregunto su amiga desde la cocina.
- Me encanta, es chulisima.. pero.. por qué..
Paula salió sonriendo.
- Te vi esta tarde tan abatida que pensamos en comprarte ese vestido azul que te probaste ayer, pero no estaba ya, así que opte por esta camisa, que también se que te gustan mucho estas cosas.
- Gracias, te portas tan bien conmigo.
Se abrazaron emocionadas y Ana estuvo apunto de que se le saltaran las lagrimas.. pero como siempre, las retuvo a tiempo.
martes, 7 de octubre de 2008
Relajación musical
lunes, 6 de octubre de 2008
Por Siempre alli.
CAPITULO VI
El tercer día de curso fue bastante interesante. Llegaron al apartamento y después de comer y quitar la mesa cada una se sentó en un sillón.
- Bueno Ana, esta tarde vas a sal...
- No, voy a repasar y..
- Oye, no me fastidies y déjame acabar la frase, ¿vale?.- su tono era algo enfadado.
- ¿Qué pasa?.- dijo Ana desconcertada.
- Que esta tarde no he quedado con Víctor para estar toda la tarde contigo. Saldremos, te enseñare cosas y veremos tiendas, tu y yo.. las dos solas.
Ana se quedo muda, no sabía si algo decepcionada o alegrarse por la decisión de su amiga..
- Ana, ¿es que no te gusta la idea?
- Si, si..
- Pues no lo dices muy convencida, la verdad.
- Es por otra cosa, en serio, me alegra mucho que seas tan guay y tan buena amiga y renuncies a estar una tarde con Víctor para pasarla conmigo.
- Tu lo hubieses hecho por mi, seguro.
- Seguro.
- Pues venga, vamos a tomar un café y después a ver cosas.
Salieron a la calle y fueron a una cafetería cercana. Paula hablaba y hablaba y Ana le pesaban los pies y no podía olvidar que esa tarde le daría plantón a Rodrigo.. pero al fin y al cabo, ¿qué mas daba?, lo había conocido dos días antes, ¿cómo podía estar su corazón latiendo así por él?.. y mas después de..
- Ana, mira que vestidos mas chulos, vamos a entrar a verlos.
Ana volvió a la realidad y la verdad es que en esa tienda había cosas muy bonitas. Paula estuvo probándose cosas y al final se compro unas cuantas, Ana miraba distraída los trajes cuando se quedo prendada.. allí había un vestido que..
- Que bonito, ¿por qué no te lo pruebas?
- No me lo voy a comprar, Paula.
- Bueno, ¿y que mas da?
Ana lo reflexiono, ¿que mas daba?, no la conocían mucho al fin y al cabo. Cogió el vestido y se lo probo, parecía echo para ella, le sentaba muy bien e incluso creyó verse guapa en el espejo.
- Estas monisima, chica.
- Si, pero no, no me lo puedo comprar.
Se lo quito con pena y se lo devolvió al comerciante.
- Vamos, vamos a seguir viendo cosas.
Paula no sabía que le pasaba a su amiga con precisión. Estaba triste y por una parte comprendía que podría ser por lo que le paso, pero por otra parte.. debía de superarlo..
- Ana, ¿vamos a tomarnos algo?.
- Vale.
Entraron en un bar y se pidieron unos refrescos.
- Vamos a ver, ¿qué te pasa?
- Nada.
- Sabes, crees que no me he dado cuenta, pero, se que no te has enterado de nada de lo que te he contado esta tarde.
- ¡Que observadora!
- Mira, desde que llegamos no has salido para nada.. solo para ir al cursillo y ayer para comprar esas flores. Hoy decido pasar la tarde contigo y me ignoras completamente. Yo comprendo que estas algo pocha por aquello que paso, pero tía, todos hemos tenido malos tragos en la vida y los hemos superado, tienes que afrontar lo tuyo, no puedes estar toda tu vida hecha un pañito de lágrimas.
- Muy bien, ¿has terminado tu sermón?
- Pues no, mi sermón lo terminare cuando te vea feliz, eso.
- Paula.. ¿tu que harías si.. – no, no podía contárselo, querría conocerlo y algo en su interior le decía que tenía que esperar que él quisiese conocer a los demás.- ...si..
- ¿si que?
- ...si Alex me propusiese algo mas?
- Pues aceptar, dicen que un clavo saca a otro..
- Pero es que a mi como que no me gusta mucho, y estoy preocupada en hacerle daño, yo..
- Tía, ¿eso es lo que te pasa?, ¿esa es tu preocupación aparte de la otra?
- A mi Alex.. como que no.
- Mira, Alex es un buen chaval y la verdad, físicamente, no esta mal, si no te gusta al menos pues le puedes tratar como amigo y si llega ese momento le dices lo que sientes y en paz.. aunque yo aceptaría, ¿sabes?..
- ¡Pero Paula!
- ..Si no me gustase tanto mi Víctor, claro.
- Menos mal, creía...
- Chica, no seas tan mal pensada, o sea.- lo dijo en tono “super-ultra mega-pijo” y Ana empezó a reír.
- Así me gusta, que te lo pases bien muchacha.
- Pues sigamos con las compras, entonces, que tu parece que vas a desbordar las tiendas.
- Va, no he comprado tanto.
- No, gracias a Dios, no has comprado tanto.
Salieron del bar y siguieron recorriendo establecimientos donde Paula siguió adquiriendo algunas cosas más. Después fueron a la playa. El gran azul se extendía a la lejanía y se perdía en el horizonte, Ana se sentó en la arena y Paula se sentó a su lado.
- Es bonito, ¿verdad?
- Si, ya te vale, que me dejaste ayer sola con los dos por no tener bañador, “so ser”.
- Te podrás quejar, tu con dos hombres.- dijo Ana sonriendo y en tono sarcástico.
- A mi con uno me sobra...
- Uh, muy enamoradilla te veo, chiquilla.
- Mas de lo que acostumbro, es que mi niño es un solete, ¿sabes?
- Si, se le ve muy buena persona.
- Ana, ojalá encuentres tu uno así.
Ana miró a su amiga que le chispeaban los ojos. Miro al mar y la cara de Rodrigo se le vino a la mente, su sonrisa, su profunda mirada, su voz.. y sintió pena pues se había quedado esperando ese día.
- Oye, ¿quieres ir al castillo?.- Ana le palpito el corazón a mil por hora.- No se puede ver por dentro pero es muy bonito por fuera.
- ¿Tu has ido?
- Si, el lunes me llevo Víctor.
- Bueno, vamos.
Ana sintió resurgir una pequeña esperanza, quizás lo viera, quizás estaba aún allí esperando.. a lo mejor se lo podría presentar a Paula. Se encaminaron para el castillo y llegaron al famoso camino que Ana tan bien conocía, pero no había nadie. Ana miraba atentamente de un lado a otro y no se veía un alma. Llegaron al castillo y Paula le fue explicando lo que ya anteriormente le había explicado Rodrigo. Estuvo de nuevo observando con detenimiento la fachada, las afueras, los rosales y se eclipso ante la extraña rosa roja aterciopelada con los bordes oscurecidos.. esa que estaba en su habitación, esa que había llegado allí a través de las alas del amor..
- Son muy hermosas, ¿verdad?.- le comento Paula.
- Si, muy bonitas.
Al volver se fue distraidamente fijando en las ranuras de las piedras a ver si divisaba alguna flor de la que le diera el día de antes Rodrigo. Paseaban en silencio, Paula observaba a su amiga y no sabía si pensar si su comportamiento era un poco extraño. Ana se paro y se agacho llena de alegría, cogió algo y se lo dio a su compañera.
- Toma, crecen en las ranuras de las piedras y son difíciles de encontrar.
- ¿Y tu como sabes eso?.- pregunto Paula mientras cogía la flor que le ofrecía su amiga.
- Pues por qué lo leí en un libro muy interesante sobre plantas y flores.
- Seguro que si, siempre estas leyendo.
Ana sonrió, tenía recursos para todo.. su amiga seguro que se lo había creído al dedillo. Cuando llegaron a la entrada del camino Ana se paro otra vez, respiro hondo y se dio la vuelta.
- Es bonita la vista desde aquí, ¿verdad?
Paula se arrodeo con su amiga y observo el paisaje.
- Si, no me había fijado, aquel día no nos detuvimos, pasamos de largo y..- observo a Ana.- ¿tu has venido ya aquí, Ana?
- No, me fije al llegar y ahora pues lo quería ver otra vez.
- Me da la impresión que te has fijado demasiado bien en las cosas, y no se por qué.
Ana no contesto, su corazón estaba triste por qué no lo había visto.. quizás se había cansado de esperar, quizás ya no la volvería a esperar nunca mas.
- ¿Nos vamos?
- Si, que me quiero duchar y ponerme algo de lo que me he comprado para salir esta noche.. y un consejo, deberías de haberte comprado aquel vestido, te sentaba canela.
- Mira, yo no tengo tantas pelas.
- Bueno, bueno.. pero me lo podías haber pedido prestado, ¿no?
- No me gusta pedir prestado.
- Si, ya, ya lo se.
- Pues eso.
Cruzaron la calle y antes de torcer la esquina Ana miro rápidamente para atrás, su corazón se hundió, no había nadie.
Wonderful Life
jueves, 2 de octubre de 2008
San Francisco de Asís

Imagen de S. Francisco de Asís de la parroquia de Martos.
Dentro de unos días, el cuatro de Octubre, se celebra la festividad de San Francisco de Asís. Este singular hombre que vivió hace 800 años (este año se celebra precisamente el octavo centenario de la fundación de la orden Franciscana) demostró que la entrega a Dios debía de nacer en la pobreza y la humildad. Así que hoy mi entrada va a ir dedicada a tan extraordinario hombre.
Nació bajo el nombre de Giovanni. Sus padres fueron Pedro Bernardone y Donna Pica, provenzal. Su padre era un rico comerciante de paños que formaba parte de la burguesía de Asís y que viajaba constantemente a Francia a las ferias locales. Entre algunas versiones, fue la afición a esta tierra por lo que su padre lo apodó después como Francesco o el francesito; también es probable que el pequeño fuera conocido más adelante de este modo por su afición a la lengua francesa y los cantos de los trovadores.
Francisco recibió la educación regular de la época, en la que aprendió latín. De joven se caracterizó por su vida despreocupada.
En sus años juveniles la ciudad ya estaba envuelta en conflictos para reclamar su autonomía del Sacro Imperio. En 1197 lograron quitarse la autoridad germánica, pero desde 1201 se enfrascaron en otra guerra contra Perugia, apoyada por los nobles desterrados de Asís. En la batalla de Ponte San Giovanni, en noviembre de 1202, Francisco fue hecho prisionero y estuvo cautivo por lo menos un año.Desde 1198 el pontificado se hallaba en conflicto con el Imperio, y Francisco formó parte de la armada papal bajo las órdenes de Gualterio de Brienne contra los germanos.
De acuerdo con los relatos, fue en un viaje a Apulia mientras marchaba a pelear, cuando durante la noche escuchó una voz que le recomendaba regresar a Asís. Así lo hizo y volvió ante la sorpresa de quienes lo vieron, siempre jovial pero envuelto ahora en meditaciones solitarias. Empezó a mostrar una conducta de desapego a lo terrenal.Hasta ese momento todavía no sabía él mismo exactamente el camino que había de tomar de ahí en adelante; fue después de reflexiones y oraciones que supo que su camino era la Iglesia. El punto culminante de su transformación se dio cuando convivió con los leprosos, a quienes tiempo antes le parecía extremadamente amargo mirar.[11] Se dedicó después a la reconstrucción de la capilla de San Damián. Según los relatos, lo hizo después de haber visto al crucifijo de esta iglesia decirle: Francisco, ve y repara mi casa, que se está cayendo en ruinas. Entonces decidió vender el caballo y las mercancías de su padre en Foligno, regresó a San Damián con lo ganado y se lo ofreció al sacerdote, pero este lo rechazó.
Su padre, al darse cuenta de la conducta de su hijo, fue enojado en su búsqueda, pero Francisco estaba escondido y no lo halló. Un mes después fue él mismo el que decidió encarar a su padre. En el camino a su casa, las personas con que se encontró lo recibieron mal y, creyéndolo un lunático, le lanzaron piedras y lodo.
Su padre lo reprendió severamente, tanto que lo encadenó y lo encerró en un calabozo.Al ausentarse el airado padre por los negocios, la madre lo libró de las cadenas. Cuando regresó, fue ella quien recibió las reprimendas del señor de la casa, y fue otra vez en búsqueda del muchacho a San Damián, pero Francisco se plantó con calma y le reafirmó que enfrentaría cualquier cosa por amor a Cristo. Pedro Bernardone acudió a las autoridades civiles a forzarlo a presentarse, pero el joven rehusó hacerlo con el argumento de no pertenecer ya a la jurisdicción civil, por lo que las autoridades dejaron el caso en manos de la Iglesia.
Francisco se sometió al llamado de la autoridad eclesial. Ante el requerimiento de devolver el dinero frente a su padre y al obispo de Asís, de nombre Guido, no sólo lo hizo, sino que se despojó de todas sus vestimentas ante los jueces, proclamando a Dios desde ese momento como su verdadero Padre. Ante esto, el obispo lo abrazó y le envolvió con su manto.
No se sabe con certeza cuántas iglesias en ruinas o deterioradas reconstruyó; entre ellas, a la que más estima tenía era la capilla de la Porciúncula. Allí fue donde recibió la revelación definitiva de su misión, probablemente el 24 de febrero de 1208, cuando escuchó estas palabras del evangelio: No lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a visitar a conocidos... (Lc., 10).[16] Así, cambió su afán de reconstruir las iglesias por la vida austera y la prédica del Evangelio. Después de someterse a las burlas de quienes lo veían vestido casi de harapos, ahora su mensaje se estaba escuchado con atención, y al contrario de otros grupos reformadores de la época, el suyo no era un mensaje de descalificaciones ni anatemas.
En unos meses sus discípulos eran once. Bajo la pobreza que Francisco predicaba y pedía, los frailes hacían sus labores diarias atendiendo leprosos, empleándose en faenas humildes para los monasterios y casas particulares, y trabajando para granjeros. Pero las necesidades cotidianas hacían la colecta de limosna inevitable, labor que Francisco alentaba con alegría por haber elegido el camino de la pobreza. Comenzó también la expansión del mensaje evangélico, y para ello los estimuló a viajar de dos en dos.
Francisco se decidió a presentarse ante el Papa Inocencio III, para que le aprobara la primera regla de la orden. Con ese fin, él y sus acompañantes emprendieron el viaje a Roma.
Fue bajo la intervención del obispo Guido de Asís como pudo tener audiencia con el Papa. Éste y ciertos cardenales objetaban el programa franciscano por el peligro de crear otra organización nueva, debido a los movimientos anticlericales de la época y a la falta de una mínima base material de la orden; pero bajo la influencia del cardenal Juan de San Pablo y su apoyo, Francisco pudo tener una nueva audiencia para que se considerara la aprobación de su hermandad de pobres.
El Papa por fin aprobó la regla verbalmente, al convencerse de que la ayuda de un hombre como Francisco reforzaría la imagen de la Iglesia con su prédica y su práctica del Evangelio.
El y sus acompañantes se ubicaron en un lugar llamado Rivo Torto, donde consolidaron sus principios de vivir en la pobreza, conviviendo entre los campesinos locales y atendiendo a leprosos; desde entonces se hacían llamar a sí mismos Hermanos Menores, Frailes Menores (el nombre fundacional de la congregación es Ordinis Fratrorum Minorum, abreviado O.F.M.).
Después de la estadía en Rivo Torto, buscó una sede para su orden; para ello pidió la ayuda del obispo Guido, pero no consiguió respuesta favorable. Fue un abad benedictino del Monte Subasio quien le ofreció la capilla de la Porciúncula y un terreno adyacente, Francisco aceptó, pero no como un regalo, sino que pagaba como renta canastas con peces.
Dentro del ánimo de la época de los viajes hacia el Este, hizo un intento de ir a Siria para la expansión del Evangelio en la tierra de los llamados «infieles». Esto sucedió probablemente a finales del año 1212 y nuevamente dos años más tarde, pero ambas empresas se frustraron.
Antes de 1215 el número de frailes se había incrementado, no sólo en Italia sino en el sur de Francia y en los reinos de España. Viajaban los franciscanos de dos en dos y convivían con la gente común; además, establecían ermitas en las afueras de las ciudades.
Durante el Concilio de Letrán de 1215, la organización adquirió un fuerte estatus legal; en ese año se decretó que toda nueva orden debía adoptar la Regla de San Benito o la de San Agustín. Para los Frailes Menores no hubo necesidad de esto, por haber sido aceptados seis años antes (aunque de palabra y no oficialmente). En este concilio el Papa Inocencio III tomó la letra Tau como símbolo de conversión y señal de la cruz, de ahí en adelante el poverello fue devoto de este símbolo.
En esa época, el cardenal Hugolino les ofreció a él y a Domingo de Guzmán la posibilidad de formar cardenales de las filas de sus órdenes. Francisco, según las crónicas de Tomás de Celano, acorde con sus principios respondió: «Eminencia: mis hermanos son llamados frailes menores, y ellos no intentan convertirse en mayores. Su vocación les enseña a permanecer siempre en condición humilde. Mantenedlos así, aun en contra de su voluntad, si Vuestra Eminencia los considera útiles para la Iglesia. Y nunca, os lo ruego, les permitáis convertirse en prelados.
Bajo el pontificado de Honorio III en 1216, se promovió la indulgencia plenaria a favor de todo aquel que visitara la iglesia de Santa María de los Ángeles de Porciúncula. Obtuvo Francisco esa gracia del Papa para que la peregrinación se realizara una vez al año, pero bajo fuerte oposición, puesto que pocos lugares podían disfrutar de tan alto privilegio.
Desde el año 1217 organizó capítulos en el que los Frailes Menores se reunían para intercambiar experiencias; para la organización apropiada de los territorios en que los frailes se habían dispersado, organizó también provincias de evangelización.
En 1219 se embarcó hacia el oriente, pasando por Chipre, San Juan de Acre y Damieta en el delta del Nilo, donde los cruzados estaban bajo la orden del duque Leopoldo VI de Austria. Allí, Francisco los previno de que había sido alertado por Dios de que no realizaran ningún ataque; ante sus palabras, los soldados se burlaron de él. El resultado de la siguiente batalla fue un desastre para los cruzados. Continuó su estadía y el aprecio hacia su persona crecía, incluso algunos caballeros abandonaron las armas para convertirse en frailes menores.
Tomó como misión la conversión de los musulmanes. Para ello se acompañó del hermano Illuminato para adentrarse en esas tierras; al encontrarse con los primeros soldados sarracenos fue golpeado, pero inmediatamente pidió ser llevado ante el Sultán, que entonces era al-Malik al-Kamil.
Según las crónicas de Buenaventura, el poverello, en su afán de convertirlo al cristianismo, invitó a los ministros religiosos musulmanes a entrar con él en una gran fogata, para así demostrar qué religión era la verdadera; los mulás rehuyeron la propuesta. Francisco ofreció entrar solo y retó al Sultán a que, si salía ileso, se convertiría al cristianismo e incitaría a su pueblo a hacerlo; el príncipe rechazó también esa la posibilidad. Al final, sus pretensiones se frustraron. Tiempo después obtuvo del sultán al-Mu'azzam de Damasco, hermano de al-Malik, permiso sólo para visitar Siria y Tierra Santa.[35]
La orden, durante su ausencia, sufrió una crisis: hubo disensiones, falta de organización y desacuerdos con la ruda vida diaria. El rumor de la muerte de Francisco en el Oriente dio pie a implantar reformas, entre ellas ciertas medidas disciplinarias, ayunos e incluso la institución de una casa de estudio en Bolonia; muchos consideraron estos cambios contrarios a la idea original del fundador. Enterado de estos sucesos, Francisco fue ante el Papa Honorio III y le rogó que designara al cardenal Hugolino para reorganizar la orden.
La nuevas disposiciones tuvieron un nuevo Ministro Generaly una nueva regla, la de 1221 (Regla no bulada) que entre otros temas trató el año de noviciado, la prohibición del vagabundeo y de la desobediencia ante órdenes contrarias a los principios franciscanos.
Ante el incremento de las vocaciones y el peligro de inclusión de gente de dudosa vocación espiritual, nació la llamada Tercera Orden, para permitir a hombres y mujeres laicos vivir una vida franciscana. Obtuvo su estatus legal en 1221 también con la ayuda del cardenal Hugolino. Bajo influencia nuevamente de este cardenal, la orden reabrió el convento de Bolonia para el estudio, a pesar de la convicción de Francisco de la primacía de la oración y la prédica de los Evangelios por sobre la educación formal.
Bajo la insistencia de ministros de la orden, fue obligado a redactar una nueva regla, ya que ciertos opositores a la entonces vigente consideraban que le faltaba consistencia y definición, y que eso le impedía obtener una definitiva aprobación del Papado. Nuevamente aceptó a las exigencias. Para ello se retiró dos veces a la ermita de Fonte Colombo cerca de Rieti, a redactar una definitiva regla bajo ayuno y oración. El 29 de noviembre de 1223, con otra participación del cardenal Hugolino, la regla tuvo su forma definitiva y fue aprobada por el Papa Honorio III.
Terminada la labor de aprobación de la regla definitiva, Francisco decidió retornar a Umbría. Debido a la cercanía de la Navidad, a la que él tenía especial aprecio, quiso celebrarla de manera particular ese año de 1223; para ello convidó a un noble de la ciudad de Greccio, de nombre Juan, a festejar el nacimiento de Jesucristo en una loma rodeada de árboles y llena de cuevas de un terreno de su propiedad.
Pretendió que la celebración se asemejara lo más similarmente posible a la natividad de Jesús, y montó un pesebre con animales y heno; pobladores y frailes de los alrededores acudieron a la misa en procesión. Allí el poverello asistió como diácono y predicó un sermón. Aunque no fue la primera celebración de este tipo, es considerada un importante evento religioso, una fiesta única.
Francisco asistió en junio de 1224 a lo que fue su último capítulo general de la orden. Hacia principios de agosto resolvió hacer un viaje a un lugar aislado llamado Monte Alverna, a unos 160 kilómetros al norte de Asís; escogió para este viaje a algunos de sus compañeros: Leo, Angelo, Illuminato, Rufino y Masseo, a quien el poverello puso al mando del grupo.
Estando en la cima, fue visitado por el conde Orlando, quien llevaba provisiones a los hermanos. Francisco le pidió construirle una cabaña a manera de celda, donde después se aisló. En ese lugar, Leo fue testigo de los actos de su soledad: lamentos por el futuro de la orden y estados de éxtasis. Al saber que era espiado, decidió irse a un sitio más apartado en una saliente de montaña. En la fiesta de la Asunción Francisco decidió hacer un ayuno de cuarenta días.
Por órdenes del poverello, Leo lo visitaba dos veces para llevarle pan y agua. Según los relatos que recogieron los testimonios de Leo, éste fue testigo de la aproximación y alejamiento de una bola de fuego que bajaba del cielo; por este prodigio, Francisco le comentó que algo grande estaría por ocurrir. Le hizo abrir tres veces el misal para encontrar respuesta, y las tres veces se abrió en la historia de la Pasión de Jesús.
Probablemente el 14 de septiembre de 1224,oró para recibir dos gracias antes de morir: Sentir la pasión de Jesús, y el amor que lo impulsó al sacrificio. Después de intensas oraciones —según relato de San Buenaventura[44] — el mismo Nazareno se le presentó en el cielo, crucificado, rodeado por seis alas angélicas, y le imprimió las señales de la crucifixión en las manos, los pies y el costado; posteriormente, Francisco enseñó esas heridas a sus hermanos, las cuales conservó por el resto de su vida.
Retornó a la Porciúncula acompañado sólo por Leo; en su camino hubo muestras de veneración al estigmatizado, aparentemente su acompañante hacía saber a todos acerca del prodigio. Mientras tanto, su salud —que desde mucho tiempo antes nunca fue sana del todo— empeoraba: El sangrado de sus heridas lo hacía sufrir constantemente. En el verano de 1225 pasó un tiempo en San Damián bajo el cuidado de sus allegados.
Fue durante esta temporada cuando compuso el Cántico del Hermano Sol, que hizo también cantar a sus compañeros.Se encaminó luego a Rieti, rodeado del entusiasmo popular por tocarlo o arrancar algún pedacito del pobrísimo sayo que vestía, y se instaló en el palacio del obispo. Después se hospedó en Fonte Colombo, donde fue sometido a tratamiento médico, que incluyó cauterizar con un hierro ardiente la zona desde la oreja hasta la altura de la ceja de uno de sus ojos; según los relatos, Francisco no sintió dolor con el fuego para que no lo dañara.Otro intento para ser tratado por renombrados médicos fue hecho en Siena, sin buen resultado.
Deseó volver a la Porciúncula a pasar sus últimos días. Arribó a Asís y fue llevado al palacio del obispo y resguardado por hombres armados, puesto que la localidad estaba en estado de guerra.En su lecho escribió su Testamento.En sus últimos momentos entonó nuevamente su Cántico al Hermano Sol —al que agregó un nuevo verso dedicado a la hermana Muerte— junto a Angelo y Leo.
De acuerdo con su último deseo, fue encaminado a la Porciúncula, donde se estableció en una cabaña cercana a la capilla. Murió el 3 de octubre de 1226. El día siguiente, el cortejo fúnebre se encaminó hacia San Damiano y después a San Giorgio, donde fue sepultado.Fue canonizado el 16 de julio de 1228. Sus restos se encuentran en la Basílica de San Francisco en Asís.
Si habeis llegado hasta aquí leyendo, mi mas sincera Enhorabuena, pues la vida de este hombre es larga, pero pienso que no tiene desperdicio.
