viernes, 31 de octubre de 2008

Por Siempre allí

Y bueno, tampoco me voy a olvidar de los que esperan mi mini-libro. Aquí os dejo otro capitulo para que tengáis lectura para el fin de semana.


CAPITULO XV

Ana y Paula recorrieron las distintas habitaciones del castillo. Al estar en cada una de ellas Ana le iba explicando lo que le había ocurrido y las sensaciones que había tenido. Llegaron al dormitorio y estaba tal y como lo recordaba Ana.
- ¿Y dices que sabes tocar el arpa?
- Aquella noche si, ella lo sabía hacer y me lo transmitió.
- ¿Tu no has pensado que al sentir tantas sensaciones podría ser que su espíritu no se hubiese ido del todo?
- No se Paula, pero, ¿estas segura de que me crees?
- Después de ver como se ha abierto la puerta y.. – guardo silencio repentinamente.- ..Ana, ¿esta aquí?
- ¿Rodrigo?, yo no lo veo.. ¿es que notas algo?
- No se.- se acerco a la ventana y se puso al sol.- ha sido un escalofrío repentino.
Ana se sentó en la cama y observo a su amiga que se calentaba con los primeros rayos del día. Paso casi un cuarto de hora.
- Ana, ¿qué hacemos?
- No se, él me indico el castillo y ya estamos en el castillo..
- ¿No te habrá tomado el pelo?, a ver si va a ser un espíritu burlón.
- No es un espíritu, no esta muerto, es..
- Invisible, ya.. y solo lo puedes ver tu, me lo has explicado un par de veces.
- Buen día, princesa.- miro a su alrededor.- aún no estoy hay en esa habitación, pero me puedo comunicar contigo a través del pensamiento. Solo con pensar las palabras sabré lo que quieres, hazlo así.
- Quiero verte.- pensó.
Rodrigo apareció en la habitación a los pocos segundos y Ana sonrió abiertamente.
- ¿Qué debemos hacer para ayudarte?.- preguntó mirándole a los ojos.
- Debemos ir a la cabaña y allí buscar en los pergaminos de nuevo.
- Paula, vamos.- le dijo a su compañera que había entrado en una ligera somnolencia producida por la falta de sueño.
Esta se acerco a su amiga para salir.
- Ana, ¿estarías dispuesta a tocar por unos segundos un trozo de hielo?.- Ana comprendió.- Coge la mano de tu amiga.
Ana le dio la mano a Paula y a Rodrigo, en segundos cambiaron de lugar, se encontraban en la cabaña de él.
- ¿Qué ha pasado?, he notado frío en la mano y cuando me he dado cuenta..
- Hemos cambiado de lugar, esta es...
- La casa del hombre invisible..
- Si, y no le llames así.
- Deja que me llame como quiera, para ella soy invisible. – bajo de nuevo aquel pergamino donde ponía la formula de la invisibilidad.- tiene que leerlo ella.
Paula se asusto al ver como uno de aquellos papeles enrollados bajaban de su sitio y se abría sobre la mesa.
- Esta aquí, ¿verdad?
- Si, no te preocupes, tienes que leer el pergamino.
- ¿En voz alta?
Ana miro a Rodrigo y este negó con la cabeza.
- No hace falta.
- Bien.- miro para donde había visto mirar a su amiga.- Hola Rodrigo, no te veo pero si Ana dice que estas hay, estarás. Espero que entre las dos podamos quitarte esa maldición, o encantamiento, o lo que sea.. por qué yo, creó en mi amiga y bueno.. voy a leer esto.
Rodrigo le sonrío aunque ella no lo viese y se sintió muy feliz. Pasaron largos e interminables minutos en los cuales Paula leyó minuciosamente el papel. Levanto la vista y miró a su amiga.
- ¿Vosotros dos habéis leído este pergamino?
- Si, claro.
- Pues esta claro que me necesitabais a mi para esto. Aquí dice que:

Una tercera persona ajena a la invisibilidad del hechizado, tendrá que formar trío con las otras dos. Se cogerán los visibles de la mano formando un circulo y en medio se pondrá el ser invisible. Cerraran los ojos, viajaran al pasado y una vez allí, obligarán al hechizador a girar su maldición.

- ¿Qué pone que?.. ¿donde? .- preguntó Ana algo petrificada.
- Si, eso dice, mira.
Ana miro donde le indicaba su amiga y solo vio el vacío.
- Pues yo no veo..
- ¿No lo entiendes princesa?, - le corto Rodrigo.- Ella es la llave, si cree en mi existencia puede leer lo que nosotros no podemos por estar en la misma situación.
- Por eso yo no lo podía leer.. claro.
- Tenemos que hacer lo que indica el pergamino.- razonó Rodrigo.- ¿Estáis dispuestas a viajar?
- Yo creó que si, ¿Paula? .- la miro interrogativa.
Esta afirmo con la cabeza y le ofreció sus manos a Ana con la determinación de hacer lo que tuviese que hacer.
- ¡Vamos!, tenemos que ir a otra época.- concluyo Ana.
Ana y Paula se cogieron de las manos y Rodrigo se metió en medio de ellas.
- Cerrad los ojos, pensad en ese traslado y adelante.
Ana le comunico a Paula lo que tenía que hacer. Un momento de incertidumbre sucumbió de los tres, al abrir los ojos estaban en el mismo lugar.
- No ha funcionado.- dijo Paula decepcionada.
- El pergamino esta equivocado, tiene que ser otra cosa.
Rodrigo no dijo nada, paseaba por la estancia inverso en sus pensamientos. Ana se sentó vencida en un taburete y Paula la acompaño.
- Quizás lo que tengamos que hacer es otra cosa.- se levanto y reviso de nuevo el pergamino y las ultimas palabras.
- ¿Y si invocamos al mago para que venga aquí? – propuso Paula.
- Invocar es inútil.. hay que ir allí, a su.. – cayo unos segundos.- ¡claro!, a su antiguo laboratorio, en los sótanos del castillo. Antes no nos hemos trasladado por qué no teníamos un sitio concreto donde ir, es eso.. el sitio.- explico Rodrigo.
- Vamos Paula, coge mis manos. Tenemos que pensar en el viejo laboratorio del mago para ir allí, tenemos que..
- Yo no se como es, tu lo viste en tu visión pero yo..
- ¡Mierda, es verdad!
- No desesperes princesa, debe dejar la mente en blanco y dejarse llevar por tus hondas positivas, ellas las trasladaran.
- Coge te, cierra los ojos, y no pienses en nada.. eso no te costara trabajo.
- Que simpática, encima que te quiero ayudar.
Rodrigo miro a Ana de forma severa.
- Es una broma.. ella lo sabe.- dijo en voz alta.
- ¿El que?
- Lo que te he dicho, ¿vale?
- A si.. Rodri.. no te preocupes, siempre estamos así.
Después de la aclaración, Paula hizo lo que Ana le indico y esta vez noto que su cuerpo se hacía mas ligero, que se elevaba y en segundos caía como un plomo en tierra. No quiso abrir los ojos hasta que la voz de su amiga se lo comunico. Cuando lo hizo estaba en un oscuro y frío laboratorio que parecían mas unas mazmorras que otra cosa.
- ¿Y ahora que se supone que hay que hacer?.- pregunto algo asustada.
- Esperar.- le susurro Ana.
Estuvieron esperando un buen rato en aquel lugar escondido de la escalera. Unos pasos descendieron por esta y un hombre vestido con una gran túnica blanca anudada a la cintura entro al laboratorio, se paro un momento y observo la estancia. Luego se dirigió a la estantería donde tenía muchos pergaminos apilados y cogió uno que lo cerraba un lazo azul. Lo abrió y lo desdoblo en la mesa sentándose en un taburete y observándolo detenidamente. Rodrigo salió de su escondite donde estaba con las chicas y se puso al lado del mago intentando leer lo que había en el pergamino. El maestro lo miro directamente pero pareció no verlo y volvió a la lectura. Rodrigo volvió hasta ellas.
- Es el pergamino de la invisibilidad.. creo que lo esta leyendo para hacer la poción.
- Entonces no ha ocurrido aun la huida.- le susurro Ana.
- No se, princesa, esperadme aquí, ahora vuelvo.- y desapareció.
- ¿Que pasa? – pregunto Paula.
- Rodrigo ha ido a ver si aún no ha ocurrido la huida.
El mago encendió la chimenea y puso una pequeña marmita con agua a calentar mientras seleccionaba unos cuantos tarros de los estantes. Rodrigo apareció ante Ana.
- Aun no ha pasado, princesa, será mañana a primera hora.
- Por eso esta preparando la formula, él ya sabe lo que os va a ocurrir.. no fue tan casual, todo lo tenía meticulosamente planeado.
- El no me puede ver a mi, pero no se si os podrá ver a vosotras..- dijo mirando a las dos.
- ¿Me puedes vestir con un traje de la época por algún truco de magia?
- Si, eso es fácil, princesa.
- Hazlo.
Rodrigo lo hizo y Ana sigilosa salió a las escaleras y bajo estas como si viniese de fuera.
- Mi buen mago, ¿qué es lo que estáis cocinando?
El mago se sobresalto ante la voz de la intrusa.
- Princesa, ¿no deberíais de estar en clase de canto?
- Ya he terminado.. no me alentaba mucho hoy el pensamiento de cantar.
- ¿Y que deseáis, princesa?
- Desearía que hablarais con mi padre sobre el marido que me ha asignado, y que intentéis convencerlo de que anule el compromiso. A mi no desea escucharme.
- Pero princesa, vuestra unión será beneficiosa para los dos reinos.
- Pero yo, inténtalo por favor... intenta hablar con él..
- Muy suplicante estáis mi princesa, veré que puedo hacer por vos.
- Esperare tus noticias con impaciencia.- salió para las escaleras y al pasar por el sitio donde estaban los dos intercambio una rápida mirada con Rodrigo. Este entendió el mensaje en segundos. Paula noto que sus manos eran cogidas y se helaban en pocos segundos, luego se noto libre y vio que estaba al lado de un lago, en pocos segundos apareció Ana.
- Tengo un plan.. esta claro que a Paula y a mi nos pueden ver y a ti no. Tenemos que hablar con la princesa, Rodrigo, tienes que trasladarme hasta donde este. Tu Paula debes de esperar aquí, no te pasara nada.
- Siempre me toca esperar, ¡que rollo!
- Lo siento, pronto vendremos.- cogió a Rodrigo de las manos y desapareció.

La princesa había terminado de dar su clase de canto y el trovador se había retirado de su habitación. El ama cosía algo mientras observaba a su señora. La expresión de ella era triste y melancólica, se acerco a la ventana y observo durante un rato a los caballeros que entrenaban sin descanso en el patio de armas.
- Adela, retírate un rato, deseo estar sola.
- Mi princesa, no debo dejarla sola, su madre..
- Adela, por favor.- la expresión era tan suplicante que se retiro.
Ana estaba escondida en una esquina de la estancia, se acerco sigilosa y a cada paso comprobó que el rostro de ella era igual que el suyo.
- Princesa..- la llamo.- no te asustes, soy..
La princesa la miro y tuvo una reacción adversa a la que esperaba Ana. En vez de asustarse se encaro valientemente.
- ¿Quién eres?, ¿Qué es lo que quieres?
- Quiero hablar contigo seriamente sobre lo que vas a hacer mañana.
- ¿Mañana?.. ¿tu que sabes de eso?
- Lo se todo, se mucho mas de lo que tu sabes aún.. escúchame atentamente, por favor, debes creerme, solo quiero ayudarte.
La princesa la miro bien por primera vez y se quedo sorprendida.
- ¿Por qué nos parecemos como gotas de agua?
Ana aspiro hondo y empezó a hablar con ella..

Paula esperaba pacientemente en el lago sentada, le entro sueño y se recostó sobre la hierva, al rato dormía placidamente.
Una sombra la cubrió casi por completo, ¿quién sería aquella chica?.. no deseaba despertarla, se le veía hermosa allí, durmiendo.
No supo como pero se dio cuenta que alguien la miraba, abrió los ojos y a la primera vista no supo.. parecía.. se restregó los ojos..
- ¡Rodrigo!, ¡eres real!, ¡has vuelto de ser un fantasma!.. ¿cómo ha sido?, ¿y Ana?
El chico la miro desconcertado.. ¿quién era aquella que sabía su nombre y se alegraba tanto de verla?
- Perdón bella dama, pero creó que se ha confundido. Aunque mi nombre sea Rodrigo yo no la conozco a vos.
Paula supo en segundos lo que estaba pasando.
- ¡Ostras!, tu eres Rodrigo.. pero el de aquí.. ¿no?
- No la comprendo, siempre he vivido aquí.
- Si, ya se.. pero.. mira.. mañana, ¿has quedado con la princesa en este mismo lugar?
- ¿Con la princesa?
- Si, si.. yo lo se todo, Ana me lo contó. Tu estas enamorado de la princesa y ella de ti, pero su padre.. bueno, no se, quizás estoy hablando de mas.... quizás este metiendo la pata.. ¿qué hora es?
- Es casi al medio día por la posición del sol... pero dime, ¿cómo os atrevéis a decir tal cosa sobre la princesa?
- A mi no debes de ocultármelo, yo lo se, se lo que ocurre entre los dos.
- ¿Acaso eres hechicera y adivinas el futuro?, ¿y quien es esa que tanto nombráis?
- Rodrigo, debes esperar aquí conmigo a que venga ella.. ¿lo harás?
- No os comprendo muy bien.. no se lo que pretendéis.
Paula pensó en Ana intensamente, si ella estuviera allí.

Ana paro en seco la conversación. Noto una llamada desesperada de Paula en la mente, supo que la necesitaba, miro a la princesa que escuchaba atentamente todo lo que le contaba.
- Princesa, debo de ir en auxilio de mi amiga.
- ¿La que ha venido contigo desde el futuro?
- Si, y por favor, no haced nada precipitado.. os voy a ayudar con vuestro amor.
La princesa le cogió las manos con fuerza.
- Estaré esperando impaciente vuestras noticias.
- Bien.
Miro a Rodrigo y comprendió por su mirada que estaba destrozado de verla de nuevo. Le cogió las manos como el hielo y se marcho en busca de su amiga.
Ana apareció en segundos donde estaba Paula y su corazón palpito desorbitado.. Rodrigo estaba allí, en carne, vivo, y a la misma vez lo tenía al lado, frío, helado.
- Ana, ha llegado hasta aquí y...
- ¡Rodrigo! .- deseaba abrazarlo, notar de nuevo ese calor humano, pero se contuvo, pues al lado tenía la otra parte de aquel.
- Princesa, mi princesa.. pero, ¿qué hacéis vos aquí?.. es peligroso, ¿cómo habéis escapado del castillo a esta hora?
- No te confundas, yo no soy tu princesa.. yo soy la princesa de él.- y señalo al invisible Rodrigo.
- ¿Deliráis?, no comprendo.
- No deliro, debéis de creerme cuando digo estas cosas. Paula y yo venimos desde muy lejos con la intención de ayudaros en vuestra fuga, en la que ella tiene mañana planeada.. debemos de hablar.
Rodrigo se quedo perplejo.
- Princesa, vos vivís en el castillo, es imposible que vengáis de lejos, a no ser que el castillo lo consideréis un lugar remoto..
- Princesa, a estas horas yo aun no sabía nada.. es lógico que no sepa de que le habláis...
- Ese no es el problema, el problema es que no comprende quien soy..
- Es difícil, el nunca ha estado en el futuro..
- Tienes razón.. será difícil, a no ser que nos vea juntas.
- Eso quizás sea un choque muy fuerte para el.. lo supuso para mi la primera vez que te vi, y somos la misma persona.. no se si es buena idea..
- Pero juntos es la única manera de elaborar un plan, ¿qué suele hacer ella a estas horas?
- Esperar para la comida.
- Rodrigo, tienes que traerla.
- No me pidas eso.
- Puedes hacerlo conmigo, pudiste hacerlo con Paula, ella también..
Rodrigo desapareció, Paula y Rodrigo miraban a Ana mientras esta guardaba silencio y pensaba sin cesar.
- Rodrigo, yo soy Ana..
- Si se como te llamas mi princesa, lo se...
- Ahora va a venir tu princesa, de la que realmente estas enamorada y entre los cin.. cuatro haremos un plan para que escapéis juntos mañana.
A los pocos segundos apareció la princesa allí, estaba asustada. Miro a su alrededor y al primero que vio fue a Rodrigo.
- ¡Rodrigo!, mi amor.. – se abalanzo hacía el pero se detuvo al ver a los otros dos personajes.
Rodrigo se quedo mudo, eran dos, eran idénticas.
- Yo soy Ana.. – dijo suave.- ella es tu princesa, con la que debes huir. Explicar de donde he salido yo es muy largo, tenemos que idear un plan.
- Podemos escapar ya.. – dijo la princesa impaciente.
- Es mejor hacerlo mañana, princesa, como lo teníais planeado desde un principio.
- Puede ser mejor si..
- Pues hablemos.. que el tiempo vuela.


Cayo la noche, todos albergaban esperanzas en sus corazones. La princesa se durmió pensando en el ser amado, y Rodrigo también. Paula cayo en el lecho rendida de cansancio. Ana era la única que no podía dormir.. no sabía bien todo lo que su alma estaba experimentando. La luna estaba llena y con su luz parecía alumbrar el alma de los enamorados.
- ¿No duermes?
La voz la sobresalto.
- No puedo dormir, estoy hecha polvo.
- ¿Por qué?
- Estoy confusa.. tu eres invisible para el resto del mundo ahora mismo, pero si mañana no los pillan.. a él y a ella, si nosotros intercedemos para que eso no ocurra, si todo sale bien.. tu nunca te harás invisible, y entonces, nunca.. nunca volverás.... te voy a liberar para que te quedes con quien estabas predestinado desde un principio, y podrás estar con ella en cuerpo y alma.. te perderé para siempre.
- Si no llego a tu época supongo que nunca recordaras de que me has conocido.. seguramente.. todo será como en un sueño.
- ¿Y si no es así?.. ¿y si no todo es real para mi?.. sufriré mucho, pero yo comprendo que esto debe ser así.
- Sabes princesa, si al volver a ser humano me quedase con todo lo que se ahora, no se si me gustaría quedarme en esta época... además.. me he dado cuenta de que aunque sois como dos gemas, por dentro sois distintas.. y hoy estoy enamorado de ti.. no de ella..
- ¿Cómo puedes decir eso?, ella.. ella es tu amor de siempre...
- Pero tu lo has reemplazado, princesa.. no se.. es tan extraño.. el cuerpo solo es físico, solo sirve para tocar, para sentir.. pero donde realmente quien ama, quien siente es el alma que hay dentro.. y mi invisibilidad no me ha quitado ese alma, y ese alma me conduce a la tuya.. solo a la tuya.. hoy lo he comprendido mientras estábamos haciendo el plan de mañana.. a través que pasaban los minutos mi confusión se ha ido y.. – guardo silencio, no podía continuar pues notaba un nudo que le oprimía.
- Mañana lo averiguaremos.. voy a ver si puedo dormir un poco.
- Velare tu sueño.
- ¿Tu no duermes?
- No lo necesito.. en este estado no te cansas de nada.
Le cogió las manos y noto el frío que se le transmitía..

Halloween con música

Hoy tengo dos coincidencias, despido la semana y despido el mes. Estamos a 31 de Octubre y mañana, 1 de Noviembre es festivo, aunque la festividad que se celebra a mi personalmente no me gusta.
Esta noche es Halloween, que si alguien no lo sabe es una tradición irlandesa de hace ya algunos años. Esta tradición se ha ido extendiendo y hoy en día se celebra en practicamente todos los sitios. Los niños se disfrazaran de fantasmas, brujas y demás seres extraños e irán por nuestras casas pidiendo caramelos, chocolatinas o lo que le queramos dar.
También dicen que es la noche mágica de las brujas, y la noche en que los espíritus se levantan de sus tumbas para pulular por hay.. eso da un poco mas de miedo.. ¿no creéis?
En fin, que a pesar de todo esto, yo voy a ir cumpliendo con mi ya también tradición.
Hoy, que esta lloviendo y hace frió os voy a dejar con una canción de Danza Invisible que nos recuerda lo que estamos ya viviendo... el fin del verano y el principio del otoño...




y cambiando el tercio me voy a poner mas romántica con una preciosa canción del gran Phill Collins, en esta ocasión acompañado de Laura Paussini.. bonito dúo.



Espero que os guste mis propuestas y Feliz Halloween y fin de semana!

jueves, 30 de octubre de 2008

El Monte de las Animas


Hoy, y estando ya tan cerca la noche y los días que se avecinan en este fin de semana. Voy a transcribir una de las leyendas del que para mi, ha sido uno de los grandes escritores románticos españoles que ha habido. No estoy hablando de otro que de Gustavo Adolfo Bequer.
Este relato se llama el monte de las animas, y es muy apropiado para leerlo en la noche del 31, en la cual todo se vuelve mas incierto y espiritual. Os dejo el relato.
---------------------------------
La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria.
Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.
Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.
Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.

I

-Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.
-¡Tan pronto!
-A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.
-¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?
-No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa historia.

Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia.
Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia:

-Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.
Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.
Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.
Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aullan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.

La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, después de incorporárseles los dos jinetes, se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.

II

Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre conversaban familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del salón.
Solas dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y Alonso: Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las azules pupilas de Beatriz.
Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.
Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido monótono y triste.
-Hermosa prima -exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que se encontraban-; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las áridas llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por algún galán de tu lejano señorío.
Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.
-Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido -se apresuró a añadir el joven-. De un modo o de otro, presiento que no tardaré en perderte... Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía... ¿Te acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que vinistes a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar... ¿Lo quieres?
-No sé en el tuyo -contestó la hermosa-, pero en mi país una prenda recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse un presente de manos de un deudo... que aún puede ir a Roma sin volver con las manos vacías.
El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza:
-Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos; hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?
Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la joya, sin añadir una palabra.
Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a oír la cascada voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire que hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las campanas.
Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de este modo:
-Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? -dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.
-¿Por qué no? -exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho como para buscar alguna cosa entre las pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de oro... Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió:
-¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma?
-Sí.
-Pues... ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo.
-¡Se ha perdido!, ¿y dónde? -preguntó Alonso incorporándose de su asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza.
-No sé.... en el monte acaso.
-¡En el Monte de las Ánimas -murmuró palideciendo y dejándose caer sobre el sitial-; en el Monte de las Ánimas!
Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda:
-Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor, hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir el peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche.... esta noche. ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas... ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa adónde.
Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando chispas de mil colores:
-¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de lobos!
Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el miedo que estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó, dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar entreteniéndose en revolver el fuego:
-Adiós Beatriz, adiós... Hasta pronto.
-¡Alonso! ¡Alonso! -dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso o aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido.
A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope. La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por último.
Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón y las campanas de la ciudad doblaban a lo lejos.

III

Había pasado una hora, dos, tres; la media noche estaba a punto de sonar, y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos de una hora pudiera haberlo hecho.
-¡Habrá tenido miedo! -exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a los que ya no existen.
Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.
Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas; tristísimas, y entreabrió los ojos. Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana.
-Será el viento -dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo prolongado y estridente.
Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.
Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, tornaba a escuchar: nada, silencio.
Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables.
-¡Bah! -exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la almohada de raso azul del lecho-; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja de aparecidos?
Y cerrando los ojos intentó dormir...; pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento.
El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos.
Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a buscar Alonso.
Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los miembros, muerta; ¡muerta de horror!

IV

Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas, y que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles. Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.

martes, 28 de octubre de 2008

Por Siempre allí

CAPITULO XIV

Ana busco a Paula por los sitios de siempre, la encontró en la pista de baile del “Habana” , le hizo gestos para que saliera y espero paciente a que se acercarse hasta ella.
- ¡Ana!, ¡que bien que has venido!, ¡vamos a bailar!
- Paula, tengo que hablar contigo de una cosa muy sería.
Paula se quedo intrigada por el rostro de su amiga y salieron de allí.
- Lo que te voy a contar es muy largo e increíble, es mejor que vallamos a tu casa y digas que te vienes a la mía a dormir.- dijo seriamente.
- ¿Qué pasa?.. ¿ha pasado algo gravé?.- pregunto Paula confusa.
- No es que sea grave, pero es importante para mí que me creas y no dudes de todo lo que te cuente esta noche, ¿vale?
Paula afirmo con la cabeza mientras marcaba en el móvil el número de su casa. Hablo con sus padres y no hubo ningún problema. Se marcharon a un tranquilo Pub y se pidieron algo, Paula un refresco de cola y Ana un cuatro rosas.
- ¡Que fuerte estas hoy!, un cuatro rosas.. ¿qué pasa?
- Es sobre Rodrigo.- dijo muy sería.- Rodrigo.. – hizo una pausa significativa..- empezaré desde el principio, por qué si no.. yo, cuando no fuimos al cursillo.. pues..
- Ana, ¡ve al grano que me estas poniendo de los nervios.
- El primer día de cursillo, después de que tú te fueras con Víctor yo salí. Me fui a dar una vuelta y encontré el castillo interesante, así que decidí subir a verlo..
Ana fue contando paso por paso como fue ocurriendo todo, como conoció a Rodrigo, como le cambió su vida, como se fue internando poco a poco en su corazón. El tiempo fue pasando sin querer y las bebidas llegaron a su fin. Ana interrumpió su relato justo antes de empezar la noche que paso junto a él.
- Deberíamos de marcharnos a casa, son las dos y pico de la madrugada.
- Pero esta tan interesante esto.. Ana..
- En casa te seguiré contando, ¿vale?
Pagaron y se marcharon para la casa de Ana, subieron al cuarto y se sentaron las dos en la cama.
- Bueno, ahora queda lo mas interesante, quiero la noche, con pelos y señales..
Ana puso música de Lorennat Mckennitt y respiro hondo, recordar aquella parte se le hacía más escabroso, sobre todo por todas las sensaciones que ella tuvo en aquel lugar, por todo lo que había descubierto.
- Paula, es muy importante que me creas, pues yo soy tu amiga y no voy a mentirte en algo tan serio como esto.. si no dudas de mi palabra comprenderás por que me es tan duro ver a Rodrigo y por qué es tan importante que tu no dudes de lo que te cuente.
- Chica, parece que me fueras a contar una película de miedo.
Ana hizo una mueca no estando muy segura de lo que iba a relatar, aspiro hondo y siguió contando los fantásticos acontecimientos.
Dieron las cinco en el reloj cuando acabo de relatar, Paula estaba sin palabras y hubo un largo silencio entre las dos.
- Me estas diciendo que tu eras la reencarnación de una princesa de la edad media y que Rodrigo es un.. espíritu.
- Algo así.
- Bien, ¿Y tu pretendes que me crea algo así?
- ¡Mierda tía!, ¿tu crees que te voy a engañar? – la miró con cara de no saber que decir.- Paula, soy yo, Ana, tu amiga de toda la vida.. debes de creerme.
Paula se levantó y fue hasta la ventana de la habitación, la noche era clara y algo calurosa.
- Muy bien, eso paso hace un mes.- se dio la vuelta y la miro directamente.- has tenido un mes para contármelo, un mes.. y sin saber por qué, me buscas esta noche a la carrera y me lo relatas con todo detalle y con urgencia.. ¿por qué no has confiado en mi antes?
- Es que mi historia con Rodrigo es difícil de creer, yo pensé que no debía de contárselo a nadie y..
- Hoy me lo cuentas.
- Rodrigo.. él ha estado aquí hoy y me ha dicho que la única manera de que pueda volver a la vida es que alguien lo acepte en la sociedad aparte de mi, que haya alguien que crea en su existencia..
- Y tu has pensado en mi..
- Tu lo has visto, has hablado con él el único día que volvió a la vida gracias a esa pócima... tu lo conoces, Paula.. necesito tu ayuda.
Pensó un momento.
- ¿Qué se supone que debo hacer?, hablar al espacio y decir, chico, te reconozco como mortal, eso esta hecho.
- No se lo que tenemos que hacer, se que tenemos que ir al castillo.
- En Castillo del Mar.- Ana afirmo con la cabeza.- Pues cuanto antes mejor.- miro la hora.- Buen momento para estrenar el coche.
- ¿Qué coche?
- El mío.. nos vamos ya.
- Son las cinco de la madrugada.
- Estaremos en el castillo para las nueve.
- Paula, pero..
- ¿En serio eres la reencarnación de esa princesa que me has contado?.. no se que decir si estarías dispuesta ha hacer todo por tu amor.. estamos hablando de Rodrigo, Rodrigo, tu amor y mi amigo invisible.
Ana no dijo nada, garabateo una nota rápida.
- ¿Qué le estas poniendo?
- Que nos hemos ido a pasar un día al campo para relajarnos, que no se preocupen.
- Bien.
Las dos amigas salieron silenciosas de la casa, llegaron a la de Paula y sacaron el coche a empujón para hacer el menor ruido posible. Una vez sacado se marcharon para su destino.
El sol resplandecía anunciando un buen día. Aparcaron cerca del conocido camino, el bosque y el castillo y se dirigieron hasta allí andando. Al llegar al principio del camino Ana se paro en seco, enfrentarse con todo aquello de nuevo.. no sabía si sería capaz de.. la mano de Paula sobre su hombro la lleno de energía, tenían que avanzar. Empezaron a andar y un caballo descendió galopando por aquel camino parándose al lado de las muchachas.
- Subamos Paula.
El caballo se agacho y las dos chicas accedieron a su lomo.
- Aprieta bien las piernas sobre sus francos y te sujetas bien a mi.
Ana le dio cabo suelto y empezó a galopar para el castillo. Paula cerró los ojos aterrorizada. Los abrió al poco rato cuando noto que su amiga, y ella misma, dominaban perfectamente aquella galopada. Vio como realmente conocía bien todo el paraje y se dirigía directamente para la puerta principal del castillo que estaba.. cerrada.. pero Ana no se detenía segura de si.. ¿confiaba realmente en su amiga?.. tuvo la tentación de gritarle, de decirle que parase pero recordó el relato de aquella noche y un gramo de insensatez le hizo cerrar la boca. La puerta se abrió y entraron las dos en el interior sin dificultad. El caballo pasó del galope a un ligero trote, y de este a un paso normal hasta detenerse en la segunda puerta del patio que daba acceso al interior. Se agacho y las dos bajaron de este.

A continuación os dejo una de las canciones que estuvieron escuchando de Lorenna mientras Ana le explicaba su increible historia a Paula.. espero que os guste.

lunes, 27 de octubre de 2008

El niño bien vestido y el del pijama


El Sábado por fin pude alargarme hasta el cine y ver la película que tantas ganas tenia de ver. Una vez dentro de la sala y al ver el trailer de "Camino" de Javier Fesser (el hermano de el de Gomaespuma) me entraron ganas de ir también.. aunque esa se tendrá que quedar para mas adelante y otra ocasión, que ya el cine no anda precisamente baratico...
En fin, con mis recuerdos frescos de la lectura reciente, me dispuse a ver la peli. Tengo que decir que si no has leído el libro la película te gusta y el final te impacta. Si has leído el libro, la película te sigue gustando y el final, aunque te lo esperas, piensas que en cualquier momento pueda cambiar... ocurra algo inesperado... y no ocurre nada inesperado.. el final es casi mas impactante en imagenes que en tu propia imagen en la mente..
La película habla de la amistad entre un niño alemán y un niño judío. El niño judío esta dentro del campo de concentración donde el jefe principal es el padre del niño alemán. No os voy a contar mucho mas de la película.
Cuando salia del cine llevaba la sensación de que los ojos de los niños ven mucho mas a través de su inocencia que los mayores, que no tienen los perjuicios que nosotros tenemos al mirar a nuestro semejante... ellos solo ven amistad, y quizás descubran que hay algo mas importante que la raza y el color.

viernes, 24 de octubre de 2008

Por Siempre alli.

CAPITULO XIII

Había pasado casi un mes. Ana cada día lo echaba más de menos, sobre todo cuando llegaba la tarde. Estas se le hacían eternas en la tienda donde trabajaba.
Paula llego como siempre a por su amiga, eran ya las ocho y medía.
- Hola.- saludo jovial.
- Hola.
- ¿Te vienes a dar una vuelta?
- No, estoy cansada, tengo ganas de irme a casa.
- Como de costumbre.. – hizo una pequeña pausa.- desde que volvimos de Castillo del mar no has salido aún ni un solo día, eso no es normal... tienes que hacerlo, animarte.
- El trabajo de la tienda.
- Si, los Sábados y los Domingos también.
- El Sábado salgo cansada, el Domingo descanso para el Lunes.
- Y yo me chupo el dedo.. Ana, ¿este vez cuanto tiempo le vas a guardar luto?
- Hasta que Dios quiera.
- Entonces no sales.
- No.
Paula se encogió de hombros con mirada triste.
- Como quieras, me voy.. si te decides estaremos donde siempre, tu ya sabes.
- Vale.- vio como se alejaba para la puerta y la llamo.- Paula.- la miró.- gracias.
- Hasta luego, golfa.

Llego a su habitación y sobre la cama había una caja envuelta con papel de regalo, ¿quién habría sido?.. seguramente su familia al verla tan abatida había decidido regalarle algo. Lo abrió con cuidado y al verlo supo de quien era, su corazón palpito alocado aunque en su mente deseaba mantener la calma. Lo abrió y dentro había una carta delicadamente doblada. La cogió y dudo un rato en leerla.. al final supuso que las cartas eran para ser leídas con lo cual la desdoblo. El papel parecía pergamino antiguo y la letra era impecable.

Amada Princesa:
Este joyero es el que ella tenía para guardar las joyas que te regale. Te pertenece a ti y tu lo debes tener. Se que no deseas saber nada mas de mi. Quizás esta carta la tires, quizás nunca la leas por qué creas que estas líneas te causaran dolor, pero no es así.
Después de que tu te fueras repase los pergaminos uno a uno, reflexione sobre tus palabras, sobre las conversaciones que mantuve con el mago. El, me dijo en una ocasión que el frasco de la vida debía de guardarlo con mimo y solo utilizarlo cuando llegase el momento, ese momento llego el día que decidí pasarlo contigo entero.
Cuando me hice humano me sentí feliz, de poder hablar contigo, de poder hablar con tus amigos, de que me volviese el mundo a ver. Nadie se extraño, todos me aceptaron.. luego volví a mi forma habitual y tu quisiste quedarte conmigo. Esa no era la solución, es otra distinta. Yo fui hecho invisible por que una parte de la sociedad no quiso mi existencia, el antídoto es que alguien de tu sociedad me acepte.
Amada princesa, si has llegado hasta este punto de mi carta, lo único que espero es que quieras verme de nuevo y poder hablar mas tranquilamente sobre este asunto.
Por siempre, tu fiel lacayo:
Rodrigo.

Ana leyó dos veces la carta. Aquello era increíble, si era invisible, ¿cómo pretendía ser aceptado en la sociedad?. Deseaba verlo, eso era lo único que quería en aquel momento, pero, ¿dónde buscarlo?. Salió a la calle y empezó a andar sin rumbo fijo. Se sentó cansada en un banco del parque.
- Quiero verte, Rodrigo.- dijo entre dientes.
- Mi princesa, mi bella princesa.. solo bastaba con desearlo.- Su voz la sobresalto, en un segundo estaba allí, ante ella, de pie y sonriente.- Estas aún mas guapa que cuando te vi la última vez.
- Eres un adulador, pero dime, ¿cómo pretendes que haga lo que me pones en tu carta?
- ¿Paseamos?
Ana se levanto y empezaron a andar en silencio. No sabía si aquello era bueno o malo, pues al verlo otra vez su corazón latía desenfrenado dentro de su pecho.
- Tienes que contarle a alguien de confianza lo que sabes sobre mí. Esa persona debe de aceptar mi historia, tendrá que ir contigo al castillo y allí..
- Allí, ¿qué?
- Debes de confiar en mí, os estaré esperando.
- Rodrigo, ¿tu sabes lo que me estas pidiendo?
- Princesa, se que es difícil, pero, ¿no creemos en Dios sin verlo?
- Eso es distinto.. eso..
- Princesa, si crees, nada es imposible, se que tu lo harás bien y sabrás elegir a la persona correcta.
- ¿Seguro que no hay otra forma?.- El negó con la cabeza entristecido.- Lo intentaré, total, lo único que me puede ocurrir es que me metan en el psiquiátrico por loca.
- Estoy tan agradecido, princesa, que no se que puedo hacer por ti.
- Yo si se lo que puedes hacer, hacerte humano.
- Es lo que mas deseo en el mundo, princesa, para poder vivir contigo siempre.


Sueña, aunque no me creas!!

Y ya ha pasado una semana mas!!, de nuevo es viernes. Mañana entraremos en otro cortisimo fin de semana, pues en realidad, es así. Dos días que se pasan volando, que te faltan horas, que te gustaría que se alargasen un poquito mas.. pero no, no se alargan.
Como ya viene siendo una costumbre os voy a dejar unos temitas musicales para amenizar estos días, y siguiendo con la linea Disney, hay una canción que me gusta mucho de la BSO. de El Jorobado de Nothedame que lo canta Luis Miguel, y mas tarde cantaría Bisbal en OT. Espero que con su letra os pongáis a soñar...





Hay una voz de un malagueño que me encanta, y en esta ocasión canta con Efecto mariposa una canción preciosa.. y aunque no me creáis, con esta melodía os deseo un feliz fin de semana!!




jueves, 23 de octubre de 2008

La bella durmiente



Ayer, hablando con mi hermano me pregunto que como iba a llamar a mi próxima hija, y yo pues le respondí, Aurora... ¡Anda, así se llama la bella durmiente!.. exclamo divertido.. ¿no lo sabias?
Esta mañana viendo el periódico digital de "El mundo" precisamente había un articulo, bastante extenso sobre esta película, "La bella durmiente", y es que cumple 50 años desde que la hicieron.. y bueno, con la cosa de sus 50 aniversario pues la han rescatado, digitalizado y la han puesto en un nuevo formato. Por aquello de que esta princesa que se durmió por pincharse con una rueca se llame como se llamara mi futura princesita, os voy a dejar aquí algunas de las curiosidades de la peli.

'La Bella Durmiente' es el primer clásico de Disney que podrá verse en Blue-Ray, el formato de alta definición de Sony que al final le ganó la partida al HD-DVD. Para ello ha sido necesario un minucioso trabajo de restauración en el que se han tratado cerca de 12 kilómetros de negativos y con el que se verán detalles ocultos hasta ahora.

El responsable de que esta película tenga un estilo totalmente distinto al de anteriores producciones de la compañía fue Eyvind Earle, un artista que abandonó las habituales formas redondeadas por rostros más angulosos. La inspiración para los fondos vino de una exposición organizada por el Metropolitan de Nueva York que incluía obras de Durero, Brueghel y Boticelli.


Tras varios retrasos porque Walt Disney no se mostraba de acuerdo con el guión, la película se estrenó en enero de 1959 después de casi seis años y nada menos que seis millones de dólares (unos 4,6 millones de euros) de presupuesto, lo que la convirtió en la más cara de la historia hasta entonces.

Fue el último filme de animación clásica realizado enteramente a mano.

El destino marca la vida de Aurora y por eso el espectador la ve como la heroína que menos pinta en su propia vida. Tarda 17 minutos en salir en pantalla y es la princesa con menos tiempo de metraje. Su enorme mata de pelo disimula su excesiva delgadez. El príncipe de esta historia, sin embargo, tiene un papel que no se dio a sus antecesores. Él no aparece solo en la escena final sino que lo conocemos desde pequeño, vemos cómo se enamora de una campesina, lucha contra un dragón que cuenta «con todo el poder de Lucifer» y discute con su padre por su boda con una plebeya. Por cierto, se llama Felipe y dice que «ya va siendo hora de que se modernicen algunas tradiciones, ya que estamos en pleno siglo XV».

La música está extraída del famoso ballet 'La Bella Durmiente' (1889) de Tchaikowsky por expreso deseo de Walt Disney. Ya se había utilizado una de las piezas del compositor ruso en Fantasía (1940), la 'suite' de 'El Cascanueces'.

Maléfica es obra de Marc Davis, el gran creador de mujeres de la factoría, inspirado en una virgen checa. La encargada del doblaje fue Eleanor Audley, la misma que puso voz a la reina de Blancanieves y a la madrastra de Cenicienta. Una de las escenas más impresionantes es cuando se convierte en un dragón. Para el sonido del fuego se pensó en un lanzallamas y para ello se analizaron películas que pidieron prestadas al Ejército estadounidense.

Hay muchas cositas mas sobre esta pelicula en este especial tan interesante, si os ha gustado y quereis saber mas, os dejo la direción para que la consulteis.

http://www.elmundo.es/especiales/2008/10/cultura/bella_durmiente/index.html

Espero que disfrutéis de la información.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Por Siempre alli.

CAPITULO XII

Ana llego al apartamento y se dejo caer pesadamente en el sofá. La puerta de la habitación de su compañera estaba cerrada, por lo que adivino que estaría durmiendo. Se fijo bien y sobre la mesa había una nota.

Cuando regreses descansa un poco, nos vamos en el autobús de las cuatro. Fdo. Paula.

Dejo la nota, se sentía confundida. El chico aquel era Rodrigo, no cabía la menor duda, pero ella, ¿quién era esa princesa?.. su rostro era.. Se levantó y fue hasta el espejo, aquella princesa tenía sus mismos rasgos, parecía su hermana gemela pero vestida con ropa medieval. Se tumbo en la cama y la rosa ya estaba totalmente marchita, igual que ella. Necesitaba pensar, necesitaba tiempo, y tiempo era lo que le faltaba.. quizás una buena ducha le aclaraba las ideas.

Rodrigo espero y vio la cabalgadura de Ana volver sola, de nuevo se le inundaron los ojos de lagrimas, ¿cuándo acabaría aquel martirio?

Se tumbo, intento conciliar el sueño pero no podía. Se levanto y bajo hasta la calle, empezó a andar sin rumbo fijo y la costumbre la llevo hasta la esquina del camino, no estaba pero sabía donde encontrarlo.

Estaba sentado al borde del lago, se miraba intentando encontrar la serenidad perdida. la que había al final podido encontrar con paciencia y dedicación. Con una ramita hacía ondas en el agua, como ella aquel día..
- Rodrigo.
La voz lo sobresalto, deseo abrazarla pero algo en su fuero interior se lo impedía, su frialdad.
- Lo de esta mañana...
- Es la historia de mi vida, princesa. Tu eres la reencarnación de ella aunque no lo has sabido hasta esta mañana, por eso me puedes ver ahora.
- ¿Y ayer?. Ayer te vio todo el mundo.
- El mago me dejo un frasco con un liquido especial. Tomándomelo con el primer rayo del día podría ser de nuevo veinticuatro horas humano. Me dijo que lo guardase para una ocasión muy especial, que tuviese paciencia.. y supe que ese día era ayer, así agote mi ultima gota de vida contigo.
- ¿Es que hoy no estas vivo?
- No, estoy frío como los muertos, mi piel es pálida como la de ellos, tu te vas, mi sueño se termina aquí.
- No era tu sueño, era el mío, ¿recuerdas?. Tu eras quien hacía que una chica destrozada por un mal amor se esfumara de todo pensamiento.
- Princesa, soy un caballero, pero desde anoche me es impensable estar a tu lado y no poder tocarte, no poder abrazarte, no poder besarte.. mis pensamientos son pecaminosos, ya no son puros, me he convertido en una bestia salvaje.
- ¡Es lo mas absurdo que he oído!.
- No comprendo.
- Cuando dos personas se aman, es normal que quieran hacer todo eso que me dices.
Rodrigo guardo silencio, no sabía que decir. Paso un rato.
- Después de que yo me fuera del sótano, ¿qué pasó? .- la miró sin comprender.- Cuéntame lo que no se del resto de la historia, necesito saber lo que ocurrió.
- Yo me quede así, como ahora. Estuve paseando entre la gente y como me había dicho el mago nadie me veía, solo él. A los pocos días estaba yo con él mago y entro ella, temblé como una hoja. El mago le explico todo lo que me había hecho. Del mismo liquido que a mi, le dio una copa con unas gotas azuladas de otro frasco. Cuando se las tomó vi con sorpresa que me miraba, que me veía. Ella y el mago fueron las dos únicas personas que podían verme. Se caso con aquel príncipe que corono a los pocos años, tuvo tres hijos y una niña, tan guapa como ella. Los años se me pasaron volando, las mañanas y las tardes eran para el mago, el me enseño todo lo que se.. las noches las pasaba al ras de su cama. Envejeció y un día se marcho para siempre. El mago al final también se fue. Poco a poco todo se fue perdiendo, todos se fueron. Desde entonces he estado sumido en tinieblas hasta que tu luz me saco de ellas. Ahora, tu te iras y me quedaré solo, como siempre.
- Pero hasta que me vaya podemos estar juntos.- mientras decía esto un nudo se le hacía en la garganta.- Abrázame, por favor.
- No puedo, soy puro hielo, estos días de atrás me he guardado de tocarte directamente, he tenido siempre cuidado.- se le quebraba la voz.- Nunca me tuve que acercar a ti, siempre destrozo todo lo que toco, todo lo que quiero.
- No debes pensar así, tu..
- Te he hecho daño, princesa, cuando llegues a tu pueblo me echaras de menos y sufrirás.. yo..
- Mi amor, mi príncipe de ensueño.. ¿cómo puedes vencerte tan pronto?. Tu has pensado que si hay una formula para hacer lo que ha hecho contigo, quizás haya un antídoto, todo tiene uno.
- He buscado y..
- No lo has hecho bien, recuerda lo que te dio el mago, una pócima para ser humano durante un día... quién sabe si no es permanente y realmente te pueden ver todos y tienes la piel caliente, dame la mano.
- Eso es imposible, princesa, no puedo per..
Ana se levanto y sin pensarlo se tiro al lago. Rodrigo quedo petrificado, nado para el centro y allí dejo de nadar.
- Rodrigo, voy a hundirme, voy a dejar que mi cuerpo muera si no vienes a por mí.- le grito desde allí.
Rodrigo vio aterrorizado como ella estaba cumpliendo su palabra, no podía ser, se estaba intentando ahogar. En una de esas desapariciones empezó a tardar demasiado, los nervios le asaltaban, su corazón actuó ante toda oposición y se lanzó al agua. La saco medio moribunda, abrazo con fuerza su cuerpo casi inerte para intentar reanimarla. Ana reacciono, se abrazo a él y se dio cuenta de que era frío, se dio cuenta de que nunca se podrían tocar, que todo había sido una ilusión vana, que ese era el final de su historia. Se resistía a llorar, pues detrás de todo aquello notaba un corazón caliente, un corazón que latía con fuerza, y sabía que lo amaba.
- Te amo.- le susurro al oído.
El noto las lágrimas de su princesa en el borde de sus pupilas, las podía adivinar escondidas sin poder salir al exterior. Aquellas gotas saladas que quemaban al contacto con la realidad. Algo empezó a funcionar en su interior, una fuerza olvidada, un deseo de vivir al lado de aquella mujer para siempre. La apretó contra él tanto que creía que le podía quitar la respiración, no le importo la temperatura, se separaron y se besaron con pasión.
Ana noto el frío contacto de sus labios, pero a través de los largos besos, una tenue calor apareció levemente.

Paula despertó, miró el reloj y eran las once y cuarto, se dio la vuelta y se abrazó a su compañero, este se despertó también.
- ¿Qué hora es? – pregunto somnoliento.
- Las once y cuarto.
- Sigamos durmiendo entonces.- y la apretó con fuerza contra si.
Paula se dejo estrujar y se durmió dulcemente.

Se separaron y se miraron apenados.
- Princesa, eres lo mejor que me ha ocurrido nunca.
- Rodrigo, mi amor, mi dulce amor. Me gustaría quedarme aquí siempre, contigo.
- Pero debes volver.
- Debo volver.- su voz se quebró.
Se sentaron en silencio, contemplando el lago. Ana lo miro interrogante.
- ¿Qué paso con el laboratorio del mago?, con todas sus cosas, con todos sus libros.
- Son manuscritos princesa, y me los quede yo cuando murió. Están en mi cabaña.
- Quiero verlos.
- ¿Para que?
- Para buscar a ver si hay algo.
- Ya lo he hecho, es inútil.
- ¡Quien sabe!, quizás yo vea algo que a ti se te haya pasado por alto.
- Princesa, si ese es tu deseo así será.
Se levantaron para irse y Rodrigo la detuvo.
- Princesa, si no temes mi frío contacto podremos viajar tan rápido como el pensamiento.- se acercó.- Coge mi mano y cierra los ojos.
Ella así lo hizo, sintió frío por unos segundos y como el la soltaba.
- Hemos llegado.
Abrió los ojos y en una habitación no muy grande había una estantería llena de viejos manuscritos.
- Son muchos, habrá que mirarlos todos.- comentó Ana.
- Princesa, no creó que sea necesario, solo uno habla de mi invisibilidad.-Con una mirada hizo que uno de ellos despejase de la estantería y aterrizase encima de una mesa.- Es este.
Ana lo abrió con cuidado y lo desplegó. Estaba escrito en una clara y bonita letra. Su contenido era la formula de aquella antigua pócima y un conjuro para la eternidad.
- ¿Tu sabrías hacer esta pócima?
Rodrigo la leyó detenidamente.
- Si, no es muy difícil.
- ¿Y si la haces para mi?, así sería eterna y podría vivir contigo siempre.
- No puedo hacerte eso princesa, piensa en que ya no te verían más tus amigos, ni tus padres, ni nadie. Tú en cambio los verías morir y envejecer a todos, eso es muy duro.
- Pero estaría contigo siempre.- dijo Ana como un reproche.
- Es un precio muy alto que pagar.
Ana guardo silencio durante un rato.
- Princesa, compréndelo, yo..
- ¡No!, no me cuentes mas historias de que tu eres muy bueno y deseas lo mejor para mi.- dijo furiosa y cortante.- Te amo.- lo miro directamente.- y quiero estar contigo, solo eso.- le dio la espalda y ando unos pasos.- la única manera de hacerlo es esta, y tu, tu, no me la concedes... me voy.
Rodrigo dio unos pasos pero la voz de Ana lo detuvo.
- No me sigas, no intentes verme de nuevo. No voy a volver nunca mas, ¿te enteras?, no quiero verte mas.. en tus manos has tenido la posibilidad de retenerme para siempre y la has desperdiciado.
Se quedo quieto, viendo como su princesa iba para la puerta.
- Adiós.
Esas fueron sus ultimas palabras.
- Princesa.. – Ana no arrodeó.- ¡Ana!, por favor..- se detuvo ante el umbral.- Se que no lo comprendes, pero si algún día decides volver te estaré esperando.
Salió de allí, recorrió el sendero, el camino, las calles hasta el apartamento. Empezó a hacer tranquilamente el equipaje, y se iba encontrando con las cosas que le había regalado, el vestido, las joyas de plata, el castillo tallado para su familia, la guitarra.. cada una de esas cosas le iban rajando por dentro como un cuchillo, cada vez el dolor era mas intenso. Cuando acabo el equipaje miró la hora, eran casi las dos, salió para fuera y se sentó en el sofá. Se puso a juguetear con una de las rosas que le había regalado la noche anterior, era tan bonita.
- ¡Valla princesa!, ¿cómo te lo pasaste ayer?
Ana se sobresalto al oír “princesa”, pero era la voz de Paula. Dudo un momento antes de contestar.
- Bien.
- Pues hija, tienes cara de funeral.
- Es que nos vamos y se queda aquí.
- Pero volveremos unos días este verano, no te agobies, lo podrás ver de nuevo y..
- No pienso volver.
Paula se quedo pasmada.
- ¿Por qué?, por parte de Víctor no hay ningún problema y...
- No quiero volver a verlo.
- Pero Ana, anoche, tu..
- Anoche fue anoche, ¿vale?.. y hoy, es hoy.- grito enfadada.- ¡No voy a volver!, ¡no quiero volver a verlo!, ¡no quiero que me preguntes, ni que me hables de él, ni nada de nada!, ¿estamos?
Paula se quedo blanca como la cera ante la reacción de su amiga, nunca la había visto así.
- Víctor vendrá a por nosotros a las tres y medía para ir a la estación.
- De acuerdo.
- Como hay tiempo vamos a bajar a comer al bar.
- No tengo hambre, ve tu si quieres.
- A mi es que me da palo entrar a comer sola a un bar, llamaré a la pizzería y que..
- Bajare contigo.
Se levanto y se marcharon para abajo.

Víctor las recogió a la hora convenida y llegaron a la estación. Sacaron los billetes de vuelta y se sentaron a esperar en un banco del arcén.
- ¿Volveréis este verano? – pregunto Víctor.
- Yo si quiero venir, pero Ana.. no se.
- Estas muy sería, ¿qué te ocurre? – le preguntó Víctor.
Ana los miro a los dos y comprendió que se preocupaban por ella. Les debía una disculpa y una explicación.
- Paula, siento lo de antes, no debí de hablarte en ese tono. Lo he dejado con Rodrigo.. creó que mi corazón no podría soportar..- hizo una significativa pausa.- tantas cosas.- resumió.
- Pero.. es que.. se le veía un buen chaval.- se puso serio.- ¿ha intentado algo contigo que no quisieras?.
- Víctor, no seas borrico.- le regaño Paula.
Ana lo miro agradecida por su preocupación tan extrema.
- No, ha sido un perfecto caballero, pero hay muchas cosas que.. somos incompatibles, eso es todo.. por eso, Paula, no me pidas que vuelva aquí.. y tu, Víctor, espero que no te ofendas si..
- No te preocupes, te comprendemos.- dijo Víctor sonriente y comprensivo.
- Gracias.
Empezaron a charlar Paula y Víctor de otras cosas quizás con la intención de distraer a Ana, aunque esta no podía apartar su pensamiento de todo lo vivido.. de las palabras de él.. todo le dolía.


- Vamos Ana, son las cuatro menos cinco.
Ana volvió a la realidad, miro a Paula, se encamino para el autobús. Dejo el equipaje en el espacio reservado para ello y cuando iba a subir una voz la llamo, su corazón salto.. pero al mirar vio a Alejandro que corría hacía la escalerilla. Se espero hasta que llego hasta su altura.
- Ana, creí que no llegaba.- dijo con la respiración entrecortada por la carrera. – toma.- le dio un paquete.- y gracias por estos días.
Ana no dijo nada, lo beso en las mejillas y ascendió ocupando el lugar de la ventanilla. Aunque no deseaba verlo, sus ojos rastreaban el arcén buscando una respuesta, una señal de Rodrigo.. pero no vio a nadie.
El autobús se alejo de “Castillo del Mar” y Ana supo que se dejaba allí su corazón junto a un espíritu burlón, y como siempre, no pudo llorar.

martes, 21 de octubre de 2008

20 Semanas


Esta mañana despertamos al peque antes, le dimos de comer todavía algo adormilado, y lo llevamos a la guardería casi una hora antes. Luego, nos desplazamos a Jaén, atascada de coches en hora punta. Encontramos un aparcamiento no muy lejos del hospital y nos desplazamos el resto del camino andando. El hospital esta un poco caos, pues están haciendo obras. Con lo cual tuvimos que subir una planta, pasar por un túnel intermedio hasta maternal, bajar dos plantas mas, recorrer largos pasillos.... y además, con la prisa de que la hora de la cita se aproximaba atropelladamente. Después de descifrar los enigmas escritos en el papel de la citación, y los distintos cartelitos que ponen en las puertas de cada consulta, llegamos justitos de tiempo hasta el sitio indicado. Respire hondo y esperamos unos escasos minutos. La enfermera salio sonriente y le entregue los documentos correspondientes, solo mirarlos, nos introdujo en consulta.
Hemos podido ver los deditos de sus manos, su cabecita, su pies, la planta de sus pies. Hemos visto y oído su corazón latir. la joven ginecóloga que me ha hecho esta mañana la ecografía, ha ido tranquila, relajada, explicando todo lo que salia en la pantalla. Mide según su tiempo, pesa lo correcto, tiene una buena placenta donde alimentarse y bastante liquido amniótico donde moverse y jugar, esta todo correcto como debe de estar.
Después de la primera parte, ha llegado la otra investigación, averiguar que era mi pasajero. Eso ha sido mas complicado, pues se escondía un poquito la cosa. Para tal fin, ha entrado el ginecólogo que supervisaba a la joven.... parece un niño... pero no.. o si... y al final, después de mirarlo varias veces el experto y experimentado hombre ha dictaminado al final, con rotunda afirmación, es niña, ¿es el primero?.. me ha preguntado con una sonrisa. Yo devolviéndole la misma le he dicho que no, que tenia un chiquitin ya. Me ha dado la enhorabuena y me ha dicho que ya tengo la parejita.
Si todo sale bien, dentro de otras veinte semanas (la gestación dura 40 semanas por lo general), Aurora vera la luz del sol.

lunes, 20 de octubre de 2008

Un memet de bolsillo!

La verdad es que esto de los memet es una manera de conocerse un poco mas a las personas, lo que lee, lo que ve... y este me lo han mandado dos amiguetes, Carlos, que entro recientemente a mi pag. y La creadora, que lleva mas tiempo en contacto conmigo. Así que nada, yo lo voy a dejar aquí plasmadito, y bueno, esta bien, pues al ser Lunes es algo mas light después del fin de semana.


1º.- Coge el libro mas cercano, vete a la pagina 18, y transcribe la cuarta linea.
La Familia de Simón se había establecido en la orilla del Ore varias generaciones atrás. Libro: El símbolo del Cobre, de Katia Fox.
2º.- Cuenta lo último que viste en la tele.
Un rato "Se lo que hicisteis" en la Sexta, hasta que me he quedado durmiendo la siesta.
3º.- ¿Que proyecto tienes entre manos?
Mas que entre manos, diría en mi interior... el nacimiento de mi segundo hijo.

4º.- ¿Que material te gustaría probar?
Probar, probar, ninguno en realidad.

Como hay que mandárselo a dos personas, pues se lo voy a mandar a Lola de "Preguntas y Flores y a Ana de "Dale chichi, arma tu blog"

viernes, 17 de octubre de 2008

Por Siempre alli.

CAPITULO XI

Rodrigo encendió una gran antorcha a la entrada. El salón era grande y espacioso. Ana lo contemplaba y la sensación no la abandonaba, pero a la vez, estaba encantada de la hermosa decoración que tenía este. Recorrieron las distintas estancias, algunas no entraron pues según le explico Rodrigo estaban en restauración, llegaron hasta unas escaleras.
- ¿Adonde conducen?
- A los aposentos reales, princesa.
- ¿Podemos subir?
- Claro.
Subieron despacio, entraron a la primera habitación que estaba completa del todo.
- Esta habitación era la de los reyes.
- Es muy bonita.
Recorrieron el pasillo y fueron visitando los distintos apartados, Rodrigo le iba explicando muchas cosas a Ana y esta escuchaba complacida toda la información.
- Y esta.- dijo entrando a la ultima habitación.- es la habitación de la princesa.
Ana se detuvo en seco, de nuevo aquella tristeza, aquel desazón que no comprendía. Entraron y Rodrigo la fue acompañando en silencio. Ana observaba todas las cosas, todos los detalles, se asomo a la ventana y descubrió que daba al patio de armas.. era desde ahí donde observaba aquella niña los entrenamientos de los valerosos caballeros y guerreros, estaba segura.
- Rodrigo, ¿tu sabes lo que le ocurrió a la princesa de este castillo?
- Pues.. Princesa, ¿has visto el arpa?, es muy bonita, ven.- el tono de voz era, ¿triste?
Ana se acerco hasta donde le indicaba él y vio el arpa, sintió deseos de tocarla, de hacer música con ella. Se sentó en un taburete que había y Rodrigo se sentó a su vez a los pies, se hizo un largo silencio.
- Princesa, cuéntame algo.
- Desde que he entrado aquí tengo una extraña sensación. Es como si pudiese percibir cosas, conozco los parajes.. creo que he visto un fantasma cruzarse conmigo en el campo de torneos.. es absurdo, lo se, pero juraría que lo he visto y.. quizás.. lo único que me mantiene aquí eres tu, si tu no estuvieses me hubiese ido al poco de entrar.. no quiero que te separes de mi.- le alargo las manos y él se las cogió.
- No te abandonare, no tengas miedo.. este viejo castillo no puede dañarte pues te conoce y te respeta.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Este castillo forma parte de una faceta de tus sueños, él lo sabe, y quiere hacerte descubrir en que momentos formaste parte de su historia.
- No comprendo tus palabras, estoy confundida, todo es confuso.
- Mírame princesa, mírate en mis ojos.
Ana los miro, en el fondo de aquel verde intenso entro en un hermoso prado de tranquilidad, todo se calmo, todo se esfumo.
- Toca algo, princesa.
Ana se sentó ante el arpa, situó las manos entre sus cuerdas y empezó a deslizarlos. Al principió le salían notas sueltas, sin melodía, pero pronto noto que algo la invadió, no sabía que era bien.. aquella extraña sensación, era como si alguien estuviese guiando sus manos. Las notas tomaron forma y curso, aquella música, aquel momento.. en una eufórica carrera notaba que cada vez todo era mas intenso, todo era mas vivo.. ¿cómo escapar de aquella sensación que la dominaba?.
No supo cuanto tiempo siguió tocando, pero le gustaba aquello, entre la melodía percibió a una niña pequeña que daba sus primeras clases con un acreditado trovador, una niña que fue creciendo llena de hermosura y sabiduría musical, que tenía una hermosa voz, que cantaba en aquella habitación pues la oía acompañando aquella música que ella arrancaba del arpa. No la podía ver, Ana creyó que se estaba volviendo loca, miro para donde estaba Rodrigo y creyó distinguir lagrimas en sus ojos, ¿por qué lloraba?, cuando llego a lo mas alto de aquella canción una sombra se interpuso en la ventana... era la silueta de una mujer, Ana supo que era ella y paro asustada.
- Abrázame por favor. – suplico.
Rodrigo la abrazo, se dejo abrazar, y abrazo fuertemente. Se agarro como si se tratase de un salvavidas, no quería separarse, todo le daba miedo en aquel momento. Lo único real era aquello que agarraba, que notaba. Se separo un segundo, lo miro, cerro los ojos, se lanzó con ansia y desesperación. Sus bocas estallaron en miles de besos, no le importo nada, no deseaba nada mas , solo sabía que quería amarlo. Los besos dieron paso a otras sensaciones, pero esta vez eran distintas, estas no estaban relacionadas con el castillo, solo con el calor de los amados. Empezaron a andar lentamente entrelazados y cayeron en el lecho. Allí, por primera vez, ella dejo que alguien descubriese su desnudez completa, sabía que era el momento y lo deseaba. El a su vez abrió para ella la caja de la ternura y la delicadeza mas extrema, con cuidado descubrieron el goce y el placer mas absoluto.
No supieron cuanto tiempo había pasado desde el principio de aquella peripecia. Sudorosos y cansados, no separaron sus cuerpos, apretaron el abrazo y se entregaron a la dama del descanso.

Rodrigo despertó, la observo como dormía placida y feliz. Le empezó a acariciar el pelo, sabía que su momento estaba acabando.. dos lagrimas resbalaron por sus mejillas, dos gotas cristalinas, saladas y sinceras, que significaba el fin.


Despertó y estaba sola. Se levanto de la cama, se vistió. Los primeros rayos del sol entraban por la ventana, ¿qué hora sería?. La habitación, iluminada con la luz de la mañana emitía matices que la hacían aún más bella. El arpa estaba en su sitio, el taburete, el armario, todo. Se asomo a la ventana y vio el patio de armas vació, tenía que encontrarlo. Pensar en él la hacía feliz, suspiro dichosa de que en su camino se hubiese cruzado aquel maravilloso chico llamado Rodrigo. Salió de la habitación y supo con certeza que en una parte de ella aquel castillo residía como un mapa abierto. Antes de buscarlo, recorrió de nuevo todas las habitaciones, todos los lugares de dentro. Después subió hasta las almenas exteriores en la parte alta del mismo. Corría un aire que hacia revolotear el vestido de una forma graciosa. Lo vio de espaldas, miraba hacía algún lugar indeterminado. Se acerco sigilosa, quiso rodear su cintura, pero al hacer ese movimiento él la esquivo rápido como el viento. Ana se quedo perpleja, se fijo bien, en su rostro se mezclaba una profunda tristeza con seriedad.
- ¿Qué te pasa Rodrigo?
- Eh cometido un error muy grande contigo, princesa, debo pedirte perdón.
- ¿A que te refieres?
Se dio la vuelta, Ana lo hizo también así.
- No debería de haberte.. perdóname por favor, yo..
La palidez de su piel era aun mas intensa que el primer día en que lo conoció. Ana intento relacionar sus palabras de cien mil maneras, pero solo le salía algo que no le gustaba. Lo intento de nuevo tocar, él la esquivaba siempre.
- ¿Por qué no quieres que te toque?
- Princesa, No debes hacerlo nunca mas, anoche.. todo fue un sueño, yo no soy real, yo..
- Lo de anoche no fue un sueño, fue algo maravilloso, mágico.. y tu eres real por qué estas hablando conmigo ahora..
- Princesa, te he engañado en una cosa que no entenderías, yo..
- ¡Claro que me has engañado!, ¡es eso!.. tu solo querías hacer eso, ¿no?. Todo ha sido una mentira para llevarme a la cama.. ¡seré imbecil! – estaba realmente fuera de si.
- No, no es eso.. yo.. – Ana se marchaba rápidamente.- ¡princesa!
Su grito resonó como un gran lamento, pero ella no quería escuchar nada más. Llego a las caballerizas y monto en uno de los dos corceles. Rodrigo corrió tras ella, montón en el otro corcel y la persiguió.

Las puertas del castillo se abrieron a su paso. Empezó a descender por el camino cuando alguien en otro caballo se cruzo en su camino y se introdujo entre los árboles. Paro en seco su montura, cambio de idea. Sin saber por que empezó a perseguir a aquel jinete.

Rodrigo salió tras ella y la vio parar en seco e introducirse en el bosque, no podía ser, en segundos comprendió lo que sucedía.

Ana galopaba a corta distancia de.. ¿ella?.. estaba casi segura, aquella figura era la de una chica joven que volaba entre aquel amasijo de árboles.

Los rayos se filtraban entre las copas, estaba amaneciendo. Ella salió por fin del bosque a la llanura, paro su montura, descendió nerviosa. Se sentó junto al lago y contemplo su imagen reflejada en el agua. Movió esta con delicadeza, entre las ondas que produjo pudo ver a su espalda el rostro de él.
- Amor mío, por fin has venido.
Se abrazaron con fuerza y la beso largamente.
- ¿Por qué me has citado tan temprano, mi princesa?
- ¡Tenemos que huir!, mi padre me ha comprometido con un príncipe y quiere que me case con él.
- Ese es tu destino, princesa.
- Pero yo te amo a ti.
- Ese príncipe te podrá dar todo lo que yo no voy a poder darte.
- Pero no tu amor.. no deseo separarme de ti, quiero estar contigo.
- Princesa..
- Calla, no quiero que digas nada. Tienes que hacer caso a tu princesa. Cojamos nuestros caballos, huyamos lejos, donde no nos conozcan.. casémonos ante Dios, él nos comprenderá.
- Si ese es tu mandato, tu lacayo obedecerá sin discutir la palabra de su princesa.
- Pues no perdamos más tiempo. Mi padre me buscara cuando me halle en falta.
Subieron a sus monturas y emprendieron la huida.

Ana observo la escena casi atónita.. parecía que.. le dio rienda suelta a su caballo de nuevo y los siguió guardando prudencial distancia. Dentro de ella rebullía miles de sensaciones, sabía que algo extraordinario estaba a punto de pasar.

Los dos amantes galopaban de nuevo por aquel enmarañado bosque, salieron al rato tomando dirección hacía la playa, buscaban un sitio desconocido.

Rodrigo seguía a corta distancia a Ana y a los dos enamorados. Su corazón poco a poco se iba destrozando, se estaba haciendo tiras de dolor. Tenía que alcanzarla antes de que fuera demasiado tarde.

Ana oyó más caballos detrás de ella, miro y vio a tres caballeros que la adelantaron en pocos segundos.

Ella los oyó y el corazón empezó a latirle alocado, estaba asustada, se estaban acercando vertiginosamente.
- ¡Dios mío!, nos van a dar alcance.
- Princesa, te defenderé si es necesario.
Se metieron en un sendero, las distancias se iban acortando. Ella noto un tirón que le hizo perder el equilibrio, al intentar recuperarlo perdió demasiada velocidad, los tres caballeros la rodearon. El noto que no lo seguía, se dio la vuelta, saco la espada dispuesto a dar su vida si era necesario.

Ana se detuvo bruscamente, no tenía la menor duda..
El se abalanzo sobre sus adversarios pero uno de los caballeros con una mirada hizo que se cayera del caballo y su espada se partiera en dos.
- Tonto muchacho, ¿qué vas a hacer contra la fuerza de un mago?
- ¿Adonde pensabas ir con mi hija? – pregunto el rey furioso.
- Señor, yo..
- Nos fugábamos a un sitio donde no nos conociera nadie y poder vivir juntos y felices para siempre, padre.
El padre miró a su hija que había contestado con valentía.
- ¡Calla mientras no se te hable!.- le replico.
- Padre, es que nosotros..
Sus palabras fueron cortadas por una bofetada que casi le hizo caer del caballo.
- ¡No le pegue!, desate su furia conmigo.- replico el muchacho.
El rey se encaro con el chico.
- ¡Tu has sido la causa por la cual he tenido que darle una bofetada!, ¡bastardo!, ¿qué pretendías?, ¿qué le ibas tu a dar?.. mírate, eres un lacayo, un lacayo de mi reino. – guardo unos segundos de silencio antes de continuar.- Siempre he sido bueno contigo, os he dejado jugar juntos desde pequeños por estima a tu padre, pero esto ya no es un juego. Ella es una princesa y debe casar con un príncipe de su misma sangre. Yo, el rey, he otorgado su mano a un acaudalado príncipe, y de esa unión nuestros reinos comunes serán muchos mas amplios y extensos.- guardo otros segundos de silencio antes de terminar.- Y tu, tu, querías huir con ella, deshonrar a mi familia, a mi reino, a todos.. pues esto se acabo, se acabo aquí. Ventura, dale muerte.
Ella se retorció de dolor ante esas palabras y la puso al borde de las lágrimas. Una mirada de odio emergió de una parte de su alma y sus palabras sonaron seguras y convincentes.
- Padre, te juro que como lo matéis no habrá boda, por qué yo me quitare la vida antes de casarme.
El padre la miro y supo que no hablaba en broma.
- ¡Alto Ventura!.- este detuvo su avance hacia el reo.- ¿qué crees que debemos hacer con él si no le damos muerte?
- Darle un buen castigo para que aprenda, mi señor.
- Pues procede entonces..
El mago se adelanto y se interpuso ante el chico y Ventura que avanzaba con cara de satisfacción.
- Si me lo permitís, yo le puedo hacer algo mejor. Soy mago, conozco muchos hechizos que lo torturarían el doble que una simple paliza.
El rey miro al mago con benevolencia.
- Proceded entonces. Ventura, vamos para el castillo.
- Antes de irnos quiero saber que le haréis Armel.
- Todo a su debido tiempo, mi niña.- y le sonrió abiertamente.
La princesa pareció mas tranquila y marcho con su padre y el consejero hacía el castillo. El consejero abría el paso y el rey fue detrás de la joven princesa para que no mirada más a aquel desdichado. El se intento mover pero algo le hacía permanecer inmóvil.
- No te puede mover por qué estas bajo uno de mis hechizos.- empezó el mago.- Se bajo del caballo y se sentó en una piedra al lado de él.- Sabes, siempre he sentido simpatía hacía ti. Te he visto crecer al lado de mi niña, y a ella, a ella la quiero como a una hija. – hizo otra pausa.- ¿has mancillado su honor?
- No, nunca he llegado a hacer una cosa así.
- Entonces, el hijo que espera, ¿no es tuyo?
- No espera ningún hijo.- dijo el furioso.- ella es pura como el alba.
- ¿Tan seguro estas?
- Nunca dudaría de mi señora, no se como puedes decir algo así, ojalá me pudiese mover, te haría pagar tus palabras.
- Si, eres como yo creó, noble y fiel. Darías la vida si alguien manchara el nombre de tu amada. Yo daría su mano a alguien como tu antes de dársela a ese inepto de sangre real, pero el rey esta ciego.
- ¿Por qué no le abres los ojos?, tu eres su mago, su amigo de confianza.
- Ventura es su consejero. Lo que dice él es lo que el rey hace. Ventura fue quien concertó el matrimonio con ese príncipe cuarentón que aún su padre no le ha querido conceder ni un cargo en su reino. Fíjate como será, pendenciero, consentido y bebedor.. aunque ante el rey es un perfecto caballero.
- Noto en tu voz un poco de resentimiento.
- Hijo, yo capto a las personas desde el principio, con un primer vistazo. La princesa merece mucho más que eso.
El chico resoplo algo desesperado.
- ¿Qué va a hacer conmigo?
- ¿Contigo?, te voy a dar una cadena.. ¿has oído alguna vez hablar de ellas?
- Claro, se lo que es una cadena, el herrero las hace muy buenas, pero, ¿para que quiero yo..
- No, de esas no.- rió el mago.- Es una parecida a la de los fantasma de almas en pena.
- No comprendo.
- Monta y ven conmigo.
El mago monto en su caballo y el chico vio con satisfacción que se podía mover de nuevo. Monto a su vez y le siguió.

Ana estaba realmente interesada en aquella historia, no se quería perder detalle. Así que le dio a su montura y les siguió.

Llegaron a el sótano del castillo donde el mago tenía su laboratorio. Este saco una botella con un líquido rosado dentro y lleno una copa que se la pasó a el muchacho.
- Bebe esta pócima.
- ¿Para que es?
- Obedéceme y no preguntes.
Bebió todo el contenido de la copa y se la dio al mago.
- Ahora te explicare lo que te pasara. Tu piel se pondrá pálida, te harás invisible a los ojos de las personas que te rodean. Podrás andar por donde quieras, traspasar paredes, ir a un lugar concreto en segundos solo con desearlo. A cambio.- hizo una pausa.- solo te pido que seas mi alumno, te enseñare toda mi sabiduría, pues el único que te podrá ver seré yo.
- ¿Y mi princesa?
- Ella no.
- ¿Solo tu?
- Y los animales. Ellos si te podrán ver y entenderás su lenguaje.
El muchacho se sintió abatido por dentro.
- Y con esto, ¿qué es lo que se mejora en mi vida?
- Lo primero que no estas mutilado ni ciego.
- Como.
- Esa alimaña salvaje te iba a dejar cojo y ciego, yo lo leí en su mente. Tu no mereces algo así.- hizo una pausa.- lo segundo es que la podrás ver siempre que quieras, lo tercero que aprenderás y no serás un patán el resto de tu vida, ¿quieres una suerte mejor?
- No, supongo que no, gracias.
Con esas palabras el chico se marchó para las escaleras que ascendían al exterior cuando la voz del mago lo detuvo.
- Otra cosa,- se dio la vuelta para mirarlo.- Tu calor corporal ha desaparecido totalmente, tu piel no envejecerá nunca, y vivirás para siempre.

Ana tenía el corazón en un puño, deseaba llorar..pero.. rezagada en las escaleras había visto todo el desenlace de la historia. Un movimiento a su espalda la saco de su concentración. Miró hacía el ruido y vio a Rodrigo que temblaba como una hoja. Miro hacía el frente y la imagen había desaparecido, miro hacía atrás y Rodrigo no estaba.

Rodrigo lloraba, lloraba desconsoladamente. Ella lo sabía y tenía el presentimiento de que no la volvería a ver.

Música maestro!

Estoy pensando que hacer, si meter el próximo capitulo o dejarlo para la próxima semana. Si lo meto podréis saber como acaba la noche de nuestra ya conocida Ana, y es que dejaros con la incógnita... en fin... voy a ser buena y si, lo pondré, pero antes, y para no perder las buenas costumbres de fin de semana os voy a dejar algo de música, que siempre biene bien.


La primera canción es una que me gusta a mi mucho, "Duele el amor, sin ti....






y es que en esta canción canta la irrepetible Ana Torroja, que espero que este bastante mas recuperada de su accidente hace unos días.

La segunda canción os va a resultar un poco mas extraña, pero podría ser una canción de la "BSO. de Por Siempre allí"... quien lea el capitulo lo comprenderan. Espero que os guste de todas formas la interpretación de arpa.





Es cortito, pero resulta bonito, ¿verdad?..

Pues nada, que paséis un feliz fin de semana, a continuación (justo encima de esta entrada) os dejo el capitulo XI de por siempre allí.

jueves, 16 de octubre de 2008

Por Siempre alli.

CAPITULO X

A las nueve en punto sonó el timbre. Ana se había terminado de arreglar unos minutos antes y esperaba ansiosa sentada en el sofá. Se levanto para abrir pero Paula le salió al paso.
- Tranquilita, ya abro yo.
Ana oyó como se abría la puerta, pasos por el pasillo...
- Mi princesa, mi bella princesa.- se postro ante ella ofreciéndole un ramo con cinco rosas rojas que rodeaban a una blanca.- estas rosas rojas representan la pasión de los días que he pasado contigo y la blanca la pureza, frescura y alegría que me han deslumbrado de ti.
Ana se sonrojo y cogió el ramo, el perfume era embriagador, se iba a levantar para buscar un jarrón pero Paula de nuevo le salió al paso.
- Yo ya lo pongo en el jarrón, no te preocupes.
Ana se lo paso a su amiga aún algo muda, pero en pocos segundos reacciono.
- Gra..
No pudo acabar la frase, un beso cayo sus labios.
- Todo lo que ocurra esta noche no tiene las gracias, por que eres tu la única que provoca que mis sentimientos se eleven al séptimo cielo al contemplar tu divina presencia.- le ofreció el brazo.- ¿gustáis?
Ana se agarro a su brazo, se levanto y miró a Paula que estaba con cara de alucinada.
- Paula..
- Iros, si pronto vendrá Víctor.
- Hasta pronto, mi buena amiga.- dijo Rodrigo sin cambiar su conversación medio romántica.
Descendieron por las escaleras, fuera le esperaba un carro de caballos. Pasearon por las calles del pueblo hasta llegar a un lujoso restaurante donde la invito a cenar, todo era perfecto, mágico. Su conversación durante la comida fue pausada y tranquila, sin entrar en ningún tema concreto, cosas sencillas y triviales. Rodrigo guardaba largos silencios, escuchaba la voz de ella, disfrutaba de su risa, paladeaba cada segundo. Ana lo observaba y no podía disimular el amor que aumentaba como un rió a lo largo de su recorrido con la ayuda de los afluentes. Admiraba su manera de hablar, su inteligencia, su agilidad para salir de las cosas.. todo en él, Rodrigo era único, no había la menor duda. Termino la cena, Rodrigo dejo de hablar, un vacío se quedo suspendido entre los dos, a ella le pillo tan de sorpresa el volver a la realidad que fue como un golpe.. ¿qué había pasado?, su pregunta quedo contestada al momento.
- ¿Te gustaría ir al castillo?
- Ya lo he visto.
- Lo veremos por dentro.
- Pero..
El hizo un gesto de silencio y sonrió, ella afirmo con la cabeza. Pidió la cuenta y después de pagar se levantaron y salieron. En la puerta le estaban esperando los dos caballos que Ana ya conocía. Rodrigo cogió a Ana por la cintura y la elevo a uno de los animales montándola en plan amazona, el se monto en el otro con la agilidad que le caracterizaba. Se marcharon para el castillo sin prisa, disfrutando del paseo y de la maravillosa noche que hacía. Ana no lo dudaba, lo de montar a caballo ya no era para ella ningún secreto. En el ultimo tramo, Ana azuzo a su montura a un desenfrenado galope, Rodrigo la siguió en el mismo ritmo y la alcanzo en la explanada del castillo.
- Princesa, ¿Por qué has hecho eso? – le preguntó al alcanzarla.
- No se, pero me pareció divertido.
- Podía haber sido peligroso.. es la segunda vez que montas.
- Contigo nada parece difícil ni peligroso.
Rodrigo no dijo nada, dirigió su montura hasta la puerta principal seguida de Ana y esta se abrió. Entraron y se cerró la puerta tras ellos.
- ¿Eres un mago o algo así? – preguntó Ana sorprendida.
- O algo así.. este es el patio de entrada.- explico.- a continuación entraremos en el patio de armas, donde entrenaban los caballeros y los soldados del rey. El campo de torneos esta en la parte de atrás.. por la otra parte veremos los jardines y a continuación las caballerizas, donde dejaremos..
- Los caballos.
- Si princesa.
- Muy bien.
Empezaron a recorrer el recinto y Ana empezó a tener miedo, aquel castillo.. tenía la sensación de que lo había visitado antes, de que ya lo conocía. Paro su montura en el patio de armas y lo observo detenidamente, había una ventana, una ventana por la cual una niña observaba a los guerreros pelear.. estaba segura, miro hacía arriba y la localizó de momento.. Rodrigo la observaba en silencio, y el rey de aquella fortaleza siempre hacia su aparición por la puerta cercana a la esquina.. miro hacía esta y un escalofrío le recorrió el cuerpo, la puerta.. pero a ella.. por qué le venían esas cosas a la mente.. ¿por qué?.. le dio a su caballo y siguió para el campo de torneos, al verlo se quedo pálida.. lo reconocía, estaba segura de que había estado allí antes, pero, ¿cuándo?. Se marcho hasta una de las puntas, justamente donde batallaban los caballeros por conseguir la victoria para sus damas, se paro en uno de los puntos de partida y empezó a galopar hasta el otro lado. En su vertiginosa carrera vio un jinete venir en dirección contraría hacía ella, al verlo mas de cerca se le helo la sangre en las venas, era un guerrero con armadura plateada y lanza en mano, su cabalgadura estaba provista de todos los ateos convenientes, y al pasar a su lado se esfumo, paro en seco y se arrodeo.. no había nadie. Se dirigió hacía los asientos que ocupaban los reyes en los torneos y bajo a tierra. Subió con cuidado los escalones y se sentó en la antigua silla que ocupaba el rey, supo que era la de él, luego se levantó, probo la de la reina, y al final una tercera.. era la de la princesa, una princesa que arrastraba una gran pena en su corazón, algo que la hizo a ella asomar una lagrima en sus ojos. Se levantó y bajo de allí, ¿qué le estaba ocurriendo?.. Rodrigo se le acerco por primera vez desde que empezara aquel solitario peregrinar.
- ¿Estas bien, princesa?
Ella lo miro y sonrío.
- Vamos a los jardines.
Los jardines estaban muy bien cuidados. Repletos de rosales, jazmines, damas de noche y muchísimas mas plantas que hacían que el perfume fuera sumamente especial. Había senderos de piedras para recorrer a pie y pasearon por ellos cogidos de la mano. Ana empezó a tener de nuevo aquella extraña sensación.. un niño y una niña corriendo, jugando al escondite, haciendo carreras, ocultándose entre las plantas de la vista de una madre buena y bondadosa.. como eran todas las madres. Paro al lado de un rosal, un rosal igual que el que había en el exterior, uno que tenía aquellas deliciosas rosas rojas aterciopeladas con bordes oscuros.. la miro y en sus pétalos vio reflejada la tristeza de la misma princesa que había percibido sentada en el campo de torneos.. se quedo mirando un rato aquel lugar, después noto un suave tirón de su mano y siguió andando. Al salir de aquel enrevesado lugar, en las caballerizas las dos monturas esperaban pacientes. Rodrigo le quito los arreos bajo la atenta mirada de Ana y al final llegaron hasta la entrada principal.