viernes, 28 de noviembre de 2008

CAPITULO VIII

Abrió los ojos y vio unos intensos ojos que le miraban y sonreían, una cara tan cercana que podía sentir su aliento en la boca, un cuerpo que casi invadía el suyo. Dio un grito y Rodrigo despertó sobresaltado. El animal se retiro un poco aturdido y ladro, acto seguido se acerco y le dio un lametón en la mejilla.
- ¿Quién eres tu que mi perro tiene tanta confianza contigo?
La voz los sobresaltó, miraron para la procedencia de ella. Un muchacho montado en un hermoso caballo tordo los observaba a los dos. Rodrigo se levantó y rozo con sus dedos la espada, desconfiaba de las intenciones del forastero.
- Decidme, ¿quiénes sois y hacía donde os dirigís?
- Somos dos forasteros, nos dirigimos hacía el castillo de Lope.- respondió Rodrigo firme.
- ¿Con que intenciones?
- Con la de hablar con el rey.
- ¿De que deseáis hablar con él?
- Eso a vos no os incumbe.- increpo ella.
El muchacho pareció algo desconcertado.. miró intensamente a la princesa.
- Sois una mujer, lo puedo deducir por vuestra voz – hizo una pequeña pausa.- pero decidme, por favor, ¿quiénes sois vos?
- Una dama no tiene por que desvelar su identidad ante un desconocido.
- Si sois quien creo que sois, no soy para vos un desconocido.
- Pues decidme entonces...
- Pero lo que no llego a comprender por qué estáis tan lejos de vuestro hogar.
- ¿Lejos de mi hogar?
- Si, mi perro tiene mejor memoria que yo. El no ha dudado ni un segundo. Yo en cambio aun tengo que contemplar esa bella mirada para poder confirmar vuestra identidad, aunque vuestra voz ya me desvela vuestro secreto.
- ¿Y cual es según vos?
- Sois Ana de Acerron, princesa del reino de Castell. Vuestro hogar esta en Castillo del Mar. Yo soy Enrique de Lope, príncipe y heredero del reino de Lope. Hace cinco años estuve en vuestras propiedades con mi padre y os conocí, vuestro rostro quedo grabado en mi mente y me prometí a mi mismo que os pediría a vuestro padre en matrimonio cuando tuviese bastante edad para ello.
- Tenéis razón.- hizo una pequeña pausa.- y ahora que sabéis quien soy, me gustaría pedidos alojamiento en vuestro castillo. Allí, mi lacayo y yo os explicaremos las razones por las cuales estamos lejos de donde vivo.
- Coged vuestras cabalgaduras y acompañadme sin mas.
Los tres se dirigieron hacía el castillo. Cuando llegaron se asearon y comieron algo, mas tarde se reunieron con su anfitrión.
- Bien princesa, explicadme que es lo que deseáis de mi.
- Mi padre, el rey, me ha prometido con el príncipe de Castejar, yo..
- ¿Al príncipe de Castejar?,¿ese rufián de poca monta?.
- Yo no deseó de ninguna manera casarme con él. He huido del castillo y deseo que me des un trabajo en tu castillo, cualquier cosa antes de...
- No princesa, de ninguna manera. Te daré protección en mi reino, hablare con mi padre, iremos a tu castillo y rebatiremos tu mano.
- ¿Qué es eso?
- Eso es que yo tengo derecho a pedirte en matrimonio. Como ya estáis prometida, tendría que batirme con tu futuro esposo, si tu padre accede. Tu te quedarás con quien gane.
- Pero yo no deseo tampoco que vos..
- A mi me parece muy justo.- intervino Rodrigo que había estado escuchando en silencio.
- ¡Rodrigo! .- saltó enfadada la princesa.- ¡como os atrevéis a decir algo semejante!
- Princesa, darás las circunstancias es lo mejor.
- Por favor Enrique, ¿podríais darnos un momento de ausencia para poder hablar con mi lacayo?
- Su lacayo más bien me parece que es un buen consejero.
- Enrique, perdonadnos un momento.
Salieron los dos de la estancia, la princesa estaba realmente enfadada.
- Pero, ¿qué pretendéis?, ¿qué me salga de las fauces del lobo y me meta en las garras del oso?, yo solo deseo a una persona.. a ti..
Rodrigo se sentía mal, su señora no comprendía las circunstancias que habían cambiado su vida.
- Princesa, ya te explique todo lo que había pasado.
- Si, todo esas cosas sobre lo de mi vida y eso.. pero.. yo.. en el fondo...
- Princesa, ¿confías en mi? – la miro intensamente a los ojos.
- No se, no se... últimamente estoy muy confusa..
- El príncipe Enrique es un buen hombre, no es como los demás, dale una oportunidad. Deja que tu corazón lo conozca y no te encierres en una idea.. deja que luche por ti. Digas lo que digas hay dentro, él, va a hacer todo lo que este en su mano para que seas su esposa, esta enamorado de ti.
- Enamorado de mi… ¿Cómo puede estar enamorado de mi alguien que solo me vio una vez en el palacio de mi padre?
- Algunas veces con una sola mirada basta para que palpiten dos corazones.
La princesa guardo silencio y su voz sonó apagada.
- ¿Me pides que renuncie a todos mis sueños contigo?
- Te pido que no te encierres en un solo sueño, que dejes libre tu mente, que te dejes conquistar aunque sea al principio sin convencimiento.
La mirada que devolvía la princesa a Rodrigo era triste, pero sabía que tenía que aceptar, pues aquello era una encerrona. Entraron de nuevo a la sala donde Enrique esperaba.
- Enrique, debes luchar por mí si quieres defender mi honor y hacerme tu esposa. – su voz sonó débil.
- Bien princesa, tu y tu lacayo seréis mis protegidos.
La princesa salió de la habitación y busco los jardines, junto un lugar apartado, sin poder remediarlo lloro amargamente. Rodrigo la observo con el corazón partido, pero sabía que ya no la amaba a ella, si no a Ana, aquella chica que la esperaba, pues lo presentía como tantas otras cosas..
No supo el tiempo que paso allí, sola. Su corazón se sentía herido y dañado por el dolor. Una sombra se acerco hasta ella, cuando se dio cuenta estaba casi encima.
- Princesa, ¿estas triste?, ¿qué te pasa?.- hubo un pequeño silencio en el cual ella no dijo nada.- ¿No deseas que luche por ti en torneo?
La princesa alzo la mirada por primera vez en todo ese intervalo de tiempo.
- No es eso, es que yo..
- Paseemos, las palabras salen mejor andando.
Se levantó, empezaron a andar por lo alrededores del castillo. A esas horas la fragancia de las flores silvestres perfumaban la tierra. El espero a que la princesa se decidiera a hablar, ella, no sabía por qué razón lo hizo, suponía que debía de liberarse de aquel peso que albergaba en su interior.
- Enrique, en mi corazón esta prendida una espina de alguien que me ha querido y ahora ya no. Por ese motivo huí de mi castillo, de mi futura boda, de todo, para ser feliz.- hizo una pausa.- pero ahora, todo ha cambiado, de un día a otro, aunque hayan pasado siglos por sus palabras. – miro hacía el hermoso campo de amapolas que se extendía ante ellos.- yo preferiría que vos no lucharais por mi, que no arriesgarais vuestra vida, pues yo a cambio no os puedo dar nada.
- Entonces, ¿qué queréis que haga?
- Dejarme vivir como una campesina, eh traicionado a mi padre, a mi reino, a todos.. no merezco nada.
- Mi princesa, tu no has traicionado a nadie. – la intentaba mirar pero ella se escabullía.- al cambio, has sido traicionada y el traidor merece la muerte, decidme quien ha sido y saldare vuestro honor.
- La sangre solo llama a la sangre, no es necesario tal cosa. Solo os pido que me dejéis ir, que...
- Princesa sois y como tal debéis de vivir, vuestras manos no se han hecho para el trabajo duro.- su voz sonaba dulce y serena.- Escucharme con atención, cuando hace cinco años estuve de visita en vuestro castillo, os vi por primera vez. Erais una chiquilla que jugaba confiada con mi perro, una hermosa niña que se ha convertido en una valiente mujer. Desde aquel día no ha habido mañana que no me haya despertado con vuestros ojos clavados en mi. Después cantasteis una bella canción con el arpa, aun recuerdo cada nota, cada palabra. Me prometí que esa chiquilla debía de ser mi esposa. Retaría a todo un mundo si fuera necesario, y vos. ¿me pedís que no lo haga? – paro y acercándose a un rosal que curiosamente se afanaba en crecer entre las demás plantas, cogió un capullo blanco.- ¿Veis esta rosa?, - ella asintió con la cabeza.- Esta en su mejor momento. Es blanco, inmaculado, como vuestra intención y vuestra sinceridad. Me pedís que os deje marchar para no hacerme daño pues no sentís lo mismo que yo siento por vos. Escuchadme, princesa, voy a luchar por vos para libraros de un salvaje. Siendo mi esposa recibiréis lo mismo que cualquier bella flor se merece, y yo seré un caballero y os enamorare con el tiempo, os lo aseguro. Os sacare esa espina que tenéis clavada, entonces se abrirá vuestro corazón, se vaciara en mi.
- ¿Estaréis dispuesto a hacer todo eso por mi?
- ¿Acaso dudáis de la palabra de un noble principe?
Ella cogió la rosa y jugueteo un rato con ella.
- No.- afirmo con determinación sabiendo que todo lo que le decía era cierto.
- Pues entrad a palacio, mis costureras os esperan con mi madre, la reina, para haceros un traje digno a vuestra persona. En cuanto estéis debidamente vestida y descansada iniciaremos el regreso para pedir vuestra mano.
Ella no contesto, asintió con la cabeza y entro para el lugar donde la esperaban.

5 comentarios:

maria jesus dijo...

¿Y luego que paso? Le das un suspense...

Ricardo Baticón dijo...

Ana, no acabo de soprenderme en cada capítulo del currelo que hay en cada uno de ellos... y el trama se va complicando. Enhorabuena.

d´paula dijo...

Es cierto que se va complicando. Esperemos para ver en que termina todo esto.
Un beso

Ana dijo...

Todo a su tiempo.. todo a su tiempo... ademas aun le queda mucho carrete por delante!!
Un beso Maria Jesús.
------------

Pues nada, a seguir leyendo y seguir desenredando la madeja.
Un beso Ricardo!
---------------

Para que termine todavia quedan algunos capitulos.. pero todo se ira aclarando..
Un beso D'Paula

kokrann dijo...

El tal Enrique parece muy buen hombre, una persona muy noble, así que espero que se case con la princesa porque Rodrigo no se la merece.


Un beso.